orquestas juveniles
El 22, 23 y 24 de octubre pasados, más de 3000 jóvenes integrantes de 50 orquestas juveniles, 20 coros y cuerpos de baile del país y del exterior se reunieron en la ciudad de Buenos Aires para celebrar la 16° edición del Encuentro Internacional de Orquestas Juveniles, que culminó, después de intensas jornadas de presentaciones, clínicas y masterclass, con un impactante concierto en el estadio Luna Park, con la participación especial de Antonio Tarrago Ross.

La organización de ese evento estuvo a cargo de la Fundación para el desarrollo, la cultura y el arte (FUNDECUA), que conduce Andrea Merenzon, prestigiosa fagotista y gestora cultural con reconocimiento internacional, que también organiza los festivales Iguazú en Concierto y BAires Canta.

“Tras una década al frente del Festival de Música de Buenos Aires, donde trabajé con cientos de formaciones, pude ver que las orquestas juveniles, más allá de sus diferencias, atraviesan muchísimas problemáticas comunes frente a las que están muy desamparadas. Por eso me pareció importante generar un espacio de encuentro, que les brinde asistencia técnica, psicológica, pedagógica, y a partir del cual, se vaya generando una red de intercambio. Comenzamos en el Teatro Colón, y ya hace algunos años debimos trasladar el concierto final al Luna Park por el crecimiento exponencial del número de participantes”, le cuenta Merenzon a Palabras.

Previo al concierto final, además de la faz pedagógica, las formaciones participantes muestran el resultado de su trabajo anual en distintas presentaciones individuales en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

En la actualidad en nuestro país existen cuatro tipos de orquestas juveniles que reúnen a miles de jóvenes desde los 8 años: formativas para músicos profesionales, formativas dependientes de instituciones educativas, recreativas dependientes de organizaciones o municipios, y las de contención social, en las que se verifica especialmente el rol transformador que Merenzon le adjudica a la música.

“Desde FUNDECUA entendemos a la música como una herramienta de inclusión, contención y transformación social, con efectos concretos en el plano individual y colectivo. Entre los primeros, por ejemplo, hay estudios que arrojan que el desarrollo intelectual de los niños que reciben educación musical a temprana edad, frente a quienes no la reciben, difiere ampliamente, especialmente en cuanto a la mayor capacidad que desarrollan los primeros en áreas como la matemática o la geometría, además, obviamente, de capacidades sociales como mayor facilidad de relacionamiento con sus pares, trabajar en equipo o respetar a la autoridad”.

Junto a esas posibilidades, la capacidad de la música de constituirse en instrumento para la construcción de una sociedad con menores niveles de violencia constituye uno de los principios rectores del trabajo de la Fundación.

“Si todas las escuelas del país tuviesen de manera obligatoria agrupaciones musicales, para el ingreso de aquellos chicos que lo deseen, rápidamente tendríamos una sociedad mucho menos violenta”, afirma Merenzon.

“Lamentablemente, agrega, contra esa posibilidad complota la necesidad de volver a insistir en el tema con cada cambio de gestión o de funcionarios, ya que nuestro país es bastante difícil implementar políticas de largo plazo, algo que ha sido clave para el desarrollo de este tipo de proyectos en otros países de la región, como Venezuela, donde más allá de la coyuntura política actual, hace 40 años se desarrolló un sistema de orquestas juveniles que es modelo a nivel internacional”.

Junto a esa problemática, la falta de motivación, por instalaciones deficientes, instrumentos en mal estado o faltante, y la compulsión a la inmediatez, que a partir de las experiencias que generan las nuevas tecnologías, presentan muchos chicos, constituyen importantes cuestiones a superar para el avance de este tipo de proyectos.

“Una de las cosas que más cuesta es que los chicos comprendan que para hacer música hace falta invertir tiempo. La inmediatez que dan las nuevas tecnologías muchas veces provoca que un chico agarre un violín y pretenda que suene ya. En ese sentido, a través de la música muchos también empiezan a internalizar que hay cosas que necesitan un proceso, una metodología, etc. lo que beneficia a posteriori cualquier tipo de estudio que quieran comenzar”.

Entre las formaciones que se presentaron en el último encuentro, la Orquesta de Cuerdas del Grupo GPA (Brasil), la Mega orquesta, la orquesta del Sistema de Orquestas juveniles de Jujuy, la Camerata Guarneri de Salta, Los Grillos Sinfónicos de Misiones y  la Orquesta Académica Sonidos de la Tierra (Paraguay) constituyen acabados ejemplos de los principios enumerados por Merenzon. También destaca en ese plano el desarrollo que se viene dando en algunas localidades de la provincia de Buenos Aires como San Miguel, desde donde se presentaron numerosas agrupaciones.

Junto a los festivales, para apoyar a las orquestas juveniles FUNDECUA ha implementado este año el programa Reviviendo música, colecta solidaria de instrumentos en desuso, que reúne y restaura aquellos instrumentos que muchas veces están guardados en algún desván o altillo y sin valor comercial, para luego donárselos a aquellos niños integrantes de orquestas juveniles que comparten instrumentos o tocan con instrumentos prestados y solo pueden estudiar apenas unas horas a la semana o al mes.