¿Quién no soñó alguna vez con ser bartender? ¿Quién no se quedó hipnotizado observando movimientos o medidas, tratando de descifrar cómo  con una simple coctelera ese personaje que estaba detrás de la barra había logrado darnos, al menos por un momento, el elixir de la felicidad?

Sueños, historias y secretos son algunas de las cosas que se puede encontrar en  “878 Cócteles. Recetas e historias del bar de Buenos Aires”, de Flor Capella y Julián Díaz, recientemente editado por Planeta.

“Con este libro nos dimos todos los gustos, fue un trabajo de más de dos años y el resultado es un gran libro, donde lo técnico y lo estético están equilibrados, con fotos e ilustraciones maravillosas, pero también con herramientas y secretos que no vas a encontrar en una página de internet”, cuenta Julián Díaz, responsable, junto a Flor de 878 bar, uno de los mejores exponentes de la coctelería local, reconocido internacionalmente y, sin duda, el pionero entre las propuestas speakeasy (bares a puertas cerradas) en nuestro país.

Hoy, con la coctelería viviendo una nueva era de oro, un libro como 878,  da un paso más apostando a la difusión de los saberes escondidos detrás de la barra. “Creo que si uno pudiera sintetizar con un término lo que viene en términos de coctelería, la palabra es democratización”, sostiene Díaz, que se considera antes que inventor, un gran lector de tendencias.

“Cuando hace más de una década tomamos la decisión de hacer una coctelería que privilegie nuestra historia, nuestros sabores, indagando en lo local, creo que  antes que crear fuimos grandes lectores de un movimiento que se estaba dando en muchas partes del mundo.  Sí debo reconocer que por esa época nuestro país y, especialmente la Ciudad,  parecían el reino de las vidrieras irlandesas, con propuestas interesantes, pero que no tenían nada que ver con nuestra historia y nuestra idiosincrasia”.

“En ese sentido, continúa Díaz, 878 siempre fue un espacio de rebeldía, muchos pensaron las puertas cerradas como sinónimo de exclusividad, pero en realidad lo que nosotros estábamos haciendo era oponernos a la vidriera de los 90”.

Y ese gesto rebelde, que también es resaltado en el prólogo por Narda Lepes, se terminó convirtiendo en marca identitaria. “Poca parafernalia, buenos tragos y onda. Así arrancó 878. Escondido, a puertas cerradas, sin vidriera. Siempre tuvo cierto aire de “portarse un poco mal”, dice la Chef.

Finalmente, cuando aquella tendencia por lo propio se convirtió en la receta del éxito de la mayoría de las propuestas locales, desde 878 intentan dar un paso más, esta vez en forma de libro, para que todos podamos al menos intentar preparar un buen trago.

“La coctelería tiene en sí elementos que la hacen accesible y democrática, a diferencia de los vinos, que requieren muchas veces una apreciación compleja para descubrir su singularidad, un trago nos permite inicialmente un acercamiento más llano, aunque no menos especial”, explica el bartender.

Recetas clásicas, calidad, estilo y conocimiento, un libro que sirve pero que también da gusto tener en un rincón de la casa. Obviamente, “todo en castellano”, para leer en la playa o junto a la pileta, y después correr, cuando cae el sol, directo hacia la barra.