Todos las sábados de noviembre en la Casona de Aguilar se presenta Sólo vine a ver el jardín, una obra itinerante construida sobre poemas y relatos de Alejandra Pizarnik y Silvina Ocampo.

En una antigua casona del barrio de Belgrano, cuatro mujeres, que no sabemos si son cuatro o una en diferentes momentos y situaciones, nos sumergen en el universo poético y narrativo de Alejandra Pizarnik y Silvina Ocampo indagando a través de sus textos en temas como la infancia, los sueños, la muerte. Un recorrido que podría comenzar en cualquier sitio, en cualquier momento. Una búsqueda eterna de un jardín que, si se encuentra, extrañamente sea el buscado.

Para conocer algunos detalles más de esta propuesta interpretada por Anabel Ares, Paula Rivas, Florencia Otero, Florencia Santangelo, Palabras dialogó con Anabel Ares.

¿Cómo fue sumarte a Sólo vine a ver el Jardín, una obra que llega a la Casona de Aguilar, luego de un interesante pasaje por Querida Elena en La Boca?

Si bien es cierto que la obra ya venía con un muy buen recorrido, y esta es mi primera temporada, como se modificó el lugar, la casa donde se realiza que es central en la propuesta, para todas fue un nuevo comienzo, una construcción casi de cero, que nos tiene muy contentas y movilizadas.

Como actriz realmente el ejercicio es muy interesante porque si bien aquí no hay una interacción, ni una interpelación participativa hacia el espectador, si hay una proximidad muy grande. La cuarta pared se mantiene, pero la distancia es mucho menor, se trabaja con un sistema de luces muy tenues con lo cual ves al espectador, no estás cegado por la luz potente habitual que te ayuda a establecer ese límite, sino que acá están las miradas, los cuerpos, las actitudes, con lo que se genera un encuentro muy íntimo con el público.

¿Un encuentro además con eje en textos de Pizarnik y Ocampo?

Obviamente, y sin ellas nada sería lo mismo. Esta es una obra que nace a partir de textos de Silvina Ocampo y Alejandra Pizarnik, dos grandes mujeres, por lo que el tema femenino está muy presente, pero no desde un planteo restrictivo o excluyente porque los ejes que atraviesan la obra, como el amor, el desamor, los celos, la decepción, los mandatos sociales, no son cuestiones que solo nos afectan a nosotras.

Sobre esos textos, además, el trabajo de Florencia Santangelo y Paula Rivas es magnífico, ya que logran amalgamar las voces de ambas autoras sin diluir los estilos tan propios que las diferencian y las caracterizan, a partir de esos temas muy presentes en ambas.

¿En estas dos semanas de presentaciones que es lo que más valorás de lo que está pasando con la obra?

La diversidad de públicos que se sienten interpelados es algo que me encanta y no deja de sorprenderme, fanáticos de Pizarnik y Ocampo, que vienen con todo un bagaje en relación a la obra, pero también personas que nunca las han leído, de una u otra manera se sienten conmovidos y movilizados por sus textos, que son complejos, que no nacieron para ser actuados, pero que indefectiblemente llegan.

Yo creo que eso pasa porque la reflexión profunda es algo inherente al ser humano, y si bien muchas veces intentamos evadirnos, siempre en algún momento vamos a necesitar conectar, y el teatro es una herramienta fundamental para eso. Finalmente, ya Aristóteles hablaba de la posibilidad catártica que da el teatro: llorás, sufrís, te enojás, pero salís mejor, esa es la magia del teatro.

Ficha técnico artística:  Autoría: Silvina Ocampo, Alejandra Pizarnik. Versión: Florencia Santangelo, Paula Rivas. Elenco: Anabel Ares, Paula Rivas, Florencia Otero, Florencia Santangelo. Vestuario: Romina Ivanoff. Maquillaje: Anabella Santangelo. Música original: Martín Cortez. Fotografía: Cristobal Aldezabal / De Atar Contenidos. Diseño Gráfico: Martín Cortez. Asistente de dirección: Valentina Moreno. Prensa: Más Prensa. Dirección: Florencia Santangelo. Duración: 50 minutos.