Change.org es un sitio web donde diariamente se reúnen firmas para apoyar peticiones de la gente sobre cualquier tema de la vida social y política.

Con solo registrarse en la página web de Change.org, el usuario puede acceder a su plataforma de “cambio social” que ofrece la posibilidad de iniciar una petición por una causa y buscar el apoyo de millones de usuarios. Este proceso se realiza de manera gratuita y permite la participación de ciudadanos de distintos lugares. Según sus creadores, “personas de todo el mundo inician campañas, movilizan a otras y colaboran con tomadores de decisiones, para promover soluciones”.

Es un sistema que se inició en 2007, en el que participan más de 150 millones de inscriptos en 196 países, que buscan mejorar sus comunidades. En Argentina, casi 4 millones de usuarios lo utilizan y 650 ya se consiguieron un resultado favorable en el pedido que realizaron. Los temas más comunes son los vinculados a la salud, justicia, educación, protección de animales y el medio ambiente.

Se plantea como una forma novedosa de visibilizar las problemáticas, dado que los pedidos de la ciudadanía se manifiestan con inmediatez a través de la red y pueden interpelar rápidamente a quienes tienen cargos de representación en los gobiernos. “Los tomadores de decisión de los más altos niveles dentro del gobierno se están relacionando de una manera directa con los ciudadanos”, afirman desde Change.

Asimismo, periodistas y productores utilizan la plataforma como fuente de información. Los medios de comunicación cubren las campañas que generan interés en la sociedad y eso se refleja en los petitorios. Esto permite que las demandas logren una mayor difusión, con lo cual se obtiene una mayor cantidad de adhesiones.

El compromiso por transformar un problema en una solución es el denominador común en cada solicitud. Hoy Change.org se convirtió en una de las páginas de peticiones más importantes de la web, conformando un instrumento que promueve lazos de solidaridad entre distintos puntos del mundo.

La directora regional para América Latina de Change.org, Susana Fernández Garrido, dialogó con Palabras acerca de la inserción de la plataforma participativa en la región.

¿Change.org es una forma de participación social complementaria a otras?

Por supuesto, la participación social, la protesta, existe desde que la humanidad tiene conciencia de sus derechos. Change.org es un medio que ofrece una potente herramienta y un modelo muy eficaz.

Recuerdo las palabras de Germán Montenegro de Corrientes que a través de su petitorio logró la ley para las personas trasplantadas. Él mismo había sido trasplantado y llevaba años trabajando para que una ley garantizase los medicamentos que cualquiera necesita tras un trasplante. Cuando inició una petición en Change.org nos dijo: “es como entrar en una aceleradora, ahora miles de personas me apoyan porque hay un lugar dónde firmar. Los diputados reciben y sienten la presión y mi causa cobra fuerza y la atención de los medios”. Germán consiguió una victoria en un tiempo muy corto.

La velocidad de lograr apoyos que facilita Internet, a disposición para cualquiera, es de manera fácil y gratuita. Hoy cualquier persona puede iniciar un movimiento desde el sillón del living.

Ahí tienes grandes movimientos en la Argentina como el #niunamenos en Change.org, al igual que Madres del dolor, y lo mismo estamos viendo en todos los países. Todo lo que sucede en un país, lo que mueve a la gente, lo que ocupa a los medios de comunicación, tiene ya su reflejo en nuestra plataforma. Lo increíble es que ya no es solo una organización o una institución la que eleva la voz, hoy el protagonismo lo tienen los ciudadanos.

¿Qué tipo de campañas son las más movilizadoras?

Sin duda las que tienen una historia de injusticia clara e indignante. Historias, por ejemplo, como un fallo en el sistema de sanidad que deja a un niño sin posibilidades de vida o de una vida digna. Me estoy acordando de la historia de Kevin, que tras la movilización de miles de personas, logró acceder a su operación para que volviera a caminar. O la historia de Matías, que logró gracias al apoyo de miles de personas, que el asesino de su familia no se beneficiase de permisos y que dejase de ser un peligro. Esas campañas nos tocan a todos y nos movilizan.

Pero también están las que articulan o encauzan un asunto en la agenda o el contexto político. Esas campañas se convierten en virales rápidamente porque canalizan el sentir en ese momento. La de esta semana, tras la derrota de la Argentina frente a Chile, es una petición que pide a Messi que no deje la Selección (ya cuenta con más de 100.000 firmas).

Luego, están las peticiones por los animales, la crueldad gratuita sobre seres indefensos mueve mucho a gran parte de la sociedad.

¿Existe una fórmula para que una petición tenga éxito en el resultado?

Evidentemente no hay una receta que garantice el éxito, ya nos gustaría, pero sí ingredientes que nos ayudan.

Lo primero es una buena historia, explicar porqué estamos haciendo una propuesta, porqué pedimos el apoyo de la gente. No es lo mismo contar argumentaciones legales que razones que involucren emociones, con casos reales. Con una historia, todos entendemos mejor, todos nos emocionamos. No es lo mismo contar que los refugiados sirios necesitan asilo, que contar la historia de una familia esperando por meses en un aeropuerto en Rusia, sin salida. Miles de personas se movilizaron por esa familia, que representaban todas las familias huyendo de la guerra. La historia es fundamental, nos ayuda a entender, nos conmueve. Las historias mueven al mundo. Si lo piensas, todos los grandes avances sociales de la humanidad siempre vienen precedidos por una historia personal. Desde la abolición de la esclavitud a la segregación racial en Estados Unidos, siempre hay una historia detrás que ejemplifica lo que sucede a cientos, que funciona como espoleta. Mirá los desaparecidos en la Argentina, fueron las Abuelas contando sus propias historias las que lograron despertar la atención de los reporteros internacionales en la Copa del Mundo.

Lo segundo es una propuesta. Change.org no es una plataforma de quejas, es para proponer, para cambiar. Tienes un problema, lo cuentas bien y propones una solución. Esta solución no debe ser abstracta, ni imposible. Ni el hambre, ni la corrupción se van a resolver a través de la movilización social. La solución, la propuesta debe ser concreta y ganable.

Un ejemplo es el de mejorar la salud infantil, cualquier político respondería. Pero, ¿cómo medir si eso ocurre? En un pueblo de la Patagonia, en Rada Tilly, donde un ciudadano pidió un pediatra de guardia. Un pediatra, “sí o no”. Es tan concreto que el político tiene que responder con la misma concreción. Y esta historia me lleva al tercer ingrediente, identificar quién tiene la responsabilidad, quién puede tomar la decisión.

Estos ingredientes ayudan a que la gente firme y comparta y cuando una petición cuenta con el apoyo de muchas personas suele tener también la atención de los medios. Y todo esto es para llamar la atención de autoridades, políticos, instituciones, corporaciones. Las campañas funcionan cuando tocan lo que le importa al poder, las peticiones funcionan bajo la hipótesis de que al poder le importa lo que mueve a la sociedad.

¿En qué se diferencian los usuarios argentinos de Change con los de otros países?

Argentina es un país con una ciudadanía muy politizada, con una conciencia amplia sobre derechos. La sanidad se concibe como un derecho y se exige así. Lo vemos todos los días en peticiones que reclaman fallas en el sistema. Digamos que la aspiración de la sociedad es más alta que la realidad, lo que vemos de positivo es la reacción de movilización frente a eso. Y lo mismo ocurre en el lado de los políticos, en general la clase política es receptiva también a las propuestas ciudadanas. De hecho, la Argentina cuenta con el ratio de victorias más alto dentro del universo Change.org en relación con el número de usuarios.