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Tita Merello, la icónica morocha argentina, volverá a la pantalla grande en 2017 a través de una biopic que repasará y homenajeará su vida.

Yo soy así, Tita de Buenos Aires, recreará la historia de esta actriz y cantante porteña, bajo la dirección de la cineasta Teresa Costantini, y con un importante elenco encabezado por Mercedes Funes y Damian de Santo, e integrado por Soledad Fandiño, Ludovico Di Santo y Esther Goris.

La película, que será la quinta incursión de Costantini como directora, llega ocho años después de Felicitas, el drama romántico sobre la vida de Felicitas Guerrero, reafirmando el interés de la cineasta por contar historias de mujeres desde una mirada femenina “en un universo donde ya hay demasiados directores hombres que se ocupan de los hombres”.

Yo soy así, Tita de Buenos Aires propone un viaje hacia la Buenos Aires de 1920 para acompañar a la “vedette rea” en su ascenso desde el Teatro Bataclan del puerto hasta convertirse en estrella indiscutible de la radio, el cine y la televisión, repasando su infancia marcada por el abandono y las privaciones, y también su gran historia de pasión y desengaño con su único amor, Luis Sandrini.

Inmersa en la tercera semana de rodaje, Palabras dialogó con Costantini sobre Yo soy así, y también sobre su peculiar lugar en el cine argentino contemporáneo.

Felicitas en 2009 y ahora Yo soy así, pese al tiempo transcurrido nuevamente una mujer es el foco de atención de tu película.

Los relatos de mujeres constituyen algo que me interesa particularmente en un universo donde ya hay demasiados directores hombres que se ocupan de los hombres.  Como uno no puede hacer una película por año como Woody Allen, aún sin proponérmelo estas historias de mujeres, importantes o no, contadas desde la mirada de una mujer, son los temas que siempre me vuelven a atrapar, y también con los que logro meterme más a fondo.

Y en ese amplio abanico de historias posibles, ¿cómo aparece Tita específicamente?

En relación a Tita siento que la historia me eligió a mí, porque luego de Felicitas no tenía un proyecto pautado, más bien había pensado dejarme llevar. Mientras pensaba un poco para donde rumbear, vi un par de espectáculos sobre Tita que me interesaron muchísimo y  me sorprendieron. Luego, elegido el tema, y ya en el proceso de investigación, preproducción, escritura de guion y demás, la historia me tomó totalmente; encontré que estaba hablando de una época que me era cercana través de mis padres, y de un tiempo que me interesa mucho,  por el tango, que para mí es una pasión inmensa, y obviamente también por el cine, aquel cine de los inicios que tiene en Tita, junto a muchos otros grandes, una referencia inevitable.

Adelantándonos un poco la caracterización que podremos ver en la película, pero también aquello que encontraste en la investigación previa, ¿cómo era la Merello?

Yo siento todo el tiempo que Tita es una gran mujer y una gran artista. Hay algo de sus inicios, que fueron durísimos y dolorosos, que la relacionan con otras grandes, como Edith Piaf. De hecho, para mi, Tita fue nuestra Piaf.

Pero además, ese camino, ese recorrido que realiza entre el lugar desde el que partió y hasta el que llegó, es un recorrido que yo creo hacemos todas las mujeres de distintas maneras, que se puede relacionar con los orígenes humildes, como fue el caso de Tita, pero también con la necesidad de romper con otros condicionamientos como los mandatos sociales, o culturales, que pesan sobre nosotras.

Yo creo que frente a cientos de condicionamientos, Tita antepuso una pulsión inmensa por inventarse a sí misma, a partir de la que pudo crear esa forma especial de cantar el tango, y también convertirse en una inmensa actriz dramática y trágica de cine.

Ante una vida que se prolongó durante 96 años,  ¿el recorte temporal era algo inevitable?

La de Tita no solo fue una vida muy larga sino también muy intensa, irreproducible en una sola película, por eso a la hora de tomar una decisión elegimos contar la etapa que va desde los años 20 hasta el 58/59, que también es muchísimo. Llegamos hasta la separación de Sandrini, y hasta la Libertadora, donde la prohíben, y Hugo del Carril, su gran amigo, cae preso. Ese es un momento en que ellos recorren los lugares más bajos de la ciudad, y deben cantar por 3 pesos; sin embargo, sin adelantarte el final, dejo a Tita en un triunfo alto y abierto, en la apoteósis de un sueño, porque considero que es una síntesis de todo lo que después ella logra recuperar.

En alguna entrevista caracterizaste a la película como un tango.

Cuando digo que la película es un tango lo hago porque refleja mucho del melodrama y la melancolía de la ciudad de Buenos Aires, y de esa música que nació de nuestros inmigrantes, marcada por  esa dualidad de pertenecer y no pertenecer. También porque literalmente hay mucha música en la película, y se tocan muchos de los tangos que cantaba Tita; y porque habla de una época en la que ella se convierte en una estrella, pero en la que sufre mucho, por la desilusión de Sandrini, por la prohibición. Igualmente, frente a todas esas cosas Tita no se deja abatir, muchas veces se entendió como mal carácter lo que en realidad es la negativa permanente de esa mujer a dejarse abatir por las circunstancias.

¿Cuáles consideras son las claves de Yo soy así?

Creo que esta es una película muy atrayente porque además de la historia de Tita, reconstruye una etapa riquísima de la vida de Argentina y de la ciudad de Buenos Aires, de nuestra historia, en definitiva.  También es muy amena por la música, que nos vuelve a traer milongas que no se cantan hace años; es una película de época, de artistas, de músicos, de actores, de cantantes, de camarines, yo siento que tiene mucho para dar.

Siendo una de las últimas mujeres cineastas de tu generación en actividad, ¿cómo ves los caminos que está recorriendo el cine nacional actual?

Por edad, actualmente no hay otra argentina de mi generación filmando. Yo soy de la generación de Subiela, de Luis Puenzo, de Sorín, y creo que también por esto hago un tipo de cine que hoy no está haciendo otra mujer. Conozco y me gusta mucho el trabajo de  las nuevas cineastas,  y aunque este ambiente te da limitadas posibilidades de intercambio, me interesa mucho el trabajo de Lucía Puenzo, de Lucrecia Martel, que espero pueda estrenar pronto, y de muchas otras mujeres, porque en definitiva creo que también en la variedad y la diversidad de miradas reside lo mejor del cine.