Dicen los expertos que el corazón de toda historia es un conflicto y que, que más allá de largas y elaboradas sinopsis e inabarcables argumentos, todos implican, en definitiva, tres luchas: la del hombre contra la naturaleza, la del hombre contra otro hombre y la del hombre contra sí mismo.

Sobre esa estructura simple, el teatro, el cine y la literatura finalmente despliegan sus recursos y sus metáforas, haciendo avanzar las historias.

Apostar a mostrar esas luchas, en toda su crudeza y su compleja simplicidad es, tal vez, una de las claves de la búsqueda de “The revenant”, el renacido, la última película del mexicano Alejandro González Iñárritu, gran favorita para la próxima edición de los Oscars, con doce nominaciones que incluyen mejor largometraje, mejor Director y Mejor Fotografía; y clara vencedora de la 69° edición de los premios de la Academia Británica de Cine (BAFTA), donde logró los galardones como mejor película, mejor director, mejor actor (Leonardo DiCaprio), mejor fotografía (Emmanuel Lubezki) y mejor sonido.

“Tal vez la forma más radical de hacer cine hoy es la tradicional” había dicho ya hace unos años atrás Iñarritu, al explicar por qué en 2010 con Biutiful- película nominada al Oscar 2011 en las categorías Mejor película extranjera y Mejor actor (Javier Bardem)- abandonaba la estructura de historias paralelas, ya casi una marca personal, que había utilizado en “Amores Perros”(2000), “21 gramos”(2003) y “Babel” (2006).

Sin embargo, en 2015 con “Birdman”, que obtuvo sobre 9 nominaciones,  4 estatuillas por mejor guión, fotografía, dirección y mejor película-  Iñarratu nos demostraba, a golpe de interminables planos secuencias, que “tradicional” podía tener varias acepciones.

En “The Revenant”, insistiendo con esa búsqueda y, como el mismo director lo ha explicitado, junto a la cruda exposición del conflicto, la falta de diálogos,  o su no centralidad, tienen nuevamente el sentido de “una vuelta a la experiencia cinematográfica original más pura, y en ese sentido es como hacer un guiño a los orígenes de este arte, donde la imagen primaba”.

Polémico, este “prewestern”, no admite medias tintas, y más allá de los premios, que evidentemente la están consagrando, la historia de Hugh Glass (Leonardo Di Caprio), un explorador y pionero que en 1822, tras ser atacado por un oso, es abandonado por sus compañeros y tiene que regresar solo, caminado  cientos de kilómetros por las heladas tierras América del Norte, continúa generando visiones encontradas entre la comunidad cinéfila.

“Es una aventura de supervivencia”, una película, que busca “explorar la posibilidad de transformación que surge a través del dolor físico, mostrando justamente, la dimensión espiritual que existe detrás de ese dolor”, ha apuntado González Iñárritu sobre este film. “También, ha dicho, es una película que se pregunta qué hay detrás de la venganza, que tal vez no ofrece una respuesta,  pero que  insistentemente sostiene esa pregunta durante todo el viaje”.

Rodada con luz natural, en condiciones climáticas extremas, bajo la genial dirección de fotografía de Emmanuel Lubezki, “The Revenant”, cuya escena final se filmó en nuestro país, cuando cambio climático mediante, las localizaciones canadienses en que se desarrolló casi toda la película, se quedaron sin la nieve suficiente, puede ser también la producción que le otorgue, finalmente, a Leonardo Di Caprio la hasta ahora esquiva estatuilla dorada.

Algo que  parece no desvelar al actor, quien consultado sobre ese tema no dudó en afirmar: “Uno no hace películas con la intención de ser reconocido. Las hace porque quiere crear una obra de arte única. El resto está fuera de nuestro control. Uno hace el trabajo y son otras las personas que deciden si merecés o no un premio. Yo estoy feliz porque lo que Alejandro y el Chivo, el director de fotografía, lograron con este filme está más allá de nuestras palabras, es un tipo de cine que va a trascender generaciones”.

Junto al “factor Di Caprio”, en caso de que “The Revenant” sea elegida mejor película, Gonzalez Iñárritu sería el primer director que accede a esa estatuilla en dos años consecutivos, y el tercer premio consecutivo que la academia le brinda a realizadores mexicanos: 2014, Alfonso Cuarón por Gravity e Iñárritu por Birdman en 2015.

Sin embargo, frente a quienes ya hablan de una latinoamericanización de Hollywood el propio Gonzalez Iñárritu ha declarado: “”Hay que cambiar la percepción cultural que se tiene de los latinos en Hollywood para fomentar su inclusión en la industria cinematográfica”, para luego concluir contundente: “Como artista solo puedo ser fiel a mí mismo y a mis circunstancias. Y estas son las de un mexicano que desde hace 15 años vive en EE UU. Me siento un outsider con mi piel oscura. Y el entorno actual no es favorable a los mexicanos en este país. Por eso he jugado con las razas, he reflexionado sobre el racismo en mi película. La pureza de la raza, como apunta Trump, es una masturbación enferma e inexistente: la naturaleza es una orgía de mezclas. Todos tenemos sangre de todos”.