Dino Saluzzi, el gran bandoneonista y compositor salteño, fue distinguido con el premio Konex de Brillante como la personalidad más destacada de la década en la música popular argentina.

A los 80 años el salteño es reconocido mundialmente como el responsable de una revolución en el arte de tocar el bandoneón, ese instrumento “periférico”  que, según Saluzzi, San Pedro les da “a los que van al infierno”.

Con una creatividad inigualable, Saluzzi logró trascender en cada una de sus obras los cánones del jazz, el tango y el folklore y ha hecho de esa desmesura, que violenta los límites de los géneros, su marca personal. Ha confesado sobre el instrumento que lo acompaña desde los siete años: “luché toda la vida para liberar mi bandoneón, para escaparle al statu quo.”

Con más de 30 discos solistas y participaciones en las obras de los más prestigiosos músicos clásicos y de jazz, en 2014 Saluzzi lanzó “Imágenes”, un álbum de piezas para piano, interpretado por Horacio Lavandera y editado por ECM, el mítico sello alemán fundado por Manfred Eicher, con el que Saluzzi trabaja desde el año 1982 y en cuya filas también se destacan Chick Corea, Keith Jarrett y Egberto Gismonti entre otros monstruos sagrados.

La inmensa obra del Saluzzi, que incluye la banda sonora de películas inolvidables como “Nouvelle Vague” de Jean Luc Godard  y “Todo sobre mi madre” de Pedro Almodóvar  encarna en cierta forma una  lucha contra las distinciones instituidas desde la academia, contra el monopolio del saber-poder y en pos de la amplia difusión de la música y el conocimiento musical.

“El conocimiento está reservado para grupos elitistas que lo esgrimen como un instrumento de poder sobre el otro, cuando debería ser al revés. El conocimiento es el aporte que uno hace al mundo que encontró cuando nació o que lo rodea al crecer…” explicaba hace un tiempo en una entrevista.

Decidido a “evitar hundirse en el eclecticismo común que tanto ha trivializado algunas variantes de la música latina como si fueran especies con necesidad de protección”  no es extraño que la noticia de este premio haya sido una nueva oportunidad para lanzar un desafío.

“Lo único que puedo decir es que amo la música y también que no me gustan esos encasillamientos de música popular por un lado y música académica por el otro. Hay música buena y música mala. Toda la música es popular, ya que finalmente está hecha por las personas, expresó ante los medios por estos días.

Seguramente el próximo 10 de noviembre cuando reciba la condecoración, con la que ya fueron reconocidos Atahualpa Yupanqui en 1985, Mercedes Sosa en 1995 y Horacio Salgán en 2005, Saluzzi nos brinde una nueva oportunidad de despertar con sus palabras y, tal vez, con el maravilloso sonido de su bandoneón.