Desde el sábado 23 de julio en Mar, el flamante Museo de Arte Contemporáneo  de Mar del Plata se presenta “Un lugar para vivir cuando seamos viejos”, la muestra que recorre la última década de trabajo de la artista Ana Gallardo.

La exposición, que llega a la ciudad balnearia  como parte del programa de itinerancias del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, reúne dibujos, videos, instalaciones y registros de acciones, a través de los que la artista rosarina establece una tensión muy personal entre vivencias íntimas y problemáticas sociales, en contextos específicos de abandono o indiferencia, que busca transformar.

“En los actos cotidianos y las relaciones afectivas percibo hechos artísticos. En los momentos de intimidad y confianza siento que se produce lo que llamo obra”, ha explicado Gallardo en torno a las claves de su proceso creativo.

Dueña de una trayectoria extensa e intensa, y reconocida internacionalmente, Gallardo participó en 2015  de la 56° Bienal Internacional de Venecia, All the World’s Futures, donde fue especialmente invitada a exponer “El pedimento”, obra inspirada en un ritual mexicano del estado de Oaxaca, por el cual los fieles hacen ofrendas a las deidades con la esperanza de recibir sus favores.

Como parte de ese proyecto, que también se exhibe en Mar, la artista invitará al público a reflexionar sobre su futura vejez y a modelar en arcilla una figura que encarne sus preocupaciones o deseos para el futuro.

En la búsqueda de algunas claves más para acompañarnos en la recorrida Palabras dialogó con Gallardo sobre “Un lugar para vivir cuando seamos viejos”, sobre sus proyectos y sus obsesiones creativas.

¿Cómo definís aquello que el público va a encontrar al recorrer la muestra?

“Un Lugar…” es un recorrido por mis últimos diez años de trabajo, elaborado a partir de piezas emblemáticas pero efímeras, porque no tengo mucha obra objetual, algo así como un viaje por mis inquietudes y las vicisitudes que fui atravesando.

Yo soy una artista con varias frustraciones, una de ellas es no haber estudiado, para mí es un pendiente, y cada acción que hago, está un poco orientada hacia este lugar.

Por otro lado, como siempre cuento, he crecido en ambientes en donde el arte era un lugar de privilegio, de bohemia, de locura, de utopías, de cambio, de transformación del mundo: el arte era político.  En ese sentido, esta muestra, y las obras, son también herramientas que intentan invitarnos a pensar qué es lo mejor para todos nosotros.

Creo que casi es como de otra época lo que propongo, pero siento que mi trabajo es medicina tanto para mí como para quien lo comparte conmigo.

¿Además de preguntarte qué es lo mejor para todos, interrogante que en algún punto cruza el deseo y el futuro, qué otras preguntas y búsquedas están en el origen de las obras que conforman la muestra?

Creo que el paso del tiempo, el envejecimiento y la muerte son los temas por los que siempre rondan mis obras. A veces mutan las formas, pero casi siempre rondan sobre los mismos puntos, pueden cambiar los soportes, o la manera de encarar la materia, algo que se relaciona con algunos interrogantes que voy explorando en torno al arte en sí mismo, pero aún allí siempre hay un tono, un gesto, una duda, que vuelve sobre esos temas.

Igualmente, por la diversidad de materias y formatos podemos decir que aunque no sean centrales tus preguntas en torno al arte en sí son particularmente intensas

Yo creo que eso justamente se relaciona con el carácter contemporáneo de las obras, con la posibilidad de trabajar sin tanta sacralización del oficio.  Hoy el arte permite usar todas las herramientas existentes. Un artista puede trabajar con cualquier material, no está encerrado en determinadas técnicas, sino que trabaja con lo que el discurso le pida.

Cuando yo era joven, recuerdo que mandé una escultura que era horrible al Salón Nacional. Obviamente me rechazaron, pero uno de los argumentos que utilizaron era que yo era pintora, no escultora. Estas divisiones hoy no existen y por eso es mucho más amplia también la posibilidad de desarrollar pensamiento desde la creación.

En cada exposición que realizás incluís proyectos que intentan romper la barrera entre el artista y el público, ¿qué te motiva en esa dirección?

Odio la soledad, tengo un trauma fuerte, soy fóbica a los vacíos. Me interesa trabajar con los otros todo el tiempo y cuanta más gente mejor.

En mi trabajo siempre aparece la necesidad de buscar colaboradores, maestros,  familia, o como lo quieras llamar. Además sumo permanentemente a una gran comunidad a la que pertenezco o intento pertenecer, porque quiero ser incluida.

Mi trabajo muchas veces me pone en lugares que a veces no sé bien cuáles son, comienza por pedir y yo cumplo. Luego se desprenden situaciones en las que sí o sí tengo que poner el cuerpo, y lo hago. Intento atravesar cada situación que aparece, y en esas instancias el otro es vital.

¿En qué proyectos estas trabajando actualmente y cuáles aún están pendientes?

Estoy trabajando en la idea de generar el geriátrico. Justamente: un lugar para vivir cuando seamos viejos. El plan en principio es generar un espacio donde la gente mayor pueda dar clases de lo que hace actualmente, de las labores que hace para pasar el tiempo, o para desarrollar los deseos del pasado, y enseñar. En ese camino por ahora estoy yendo a una residencia para personas mayores a tomar clases.

De hecho, una de mis deudas es volver a pintar, y estoy tomando clases con  una mujer de 85 años que comenzó a pintar hace poco, copiando revistas, y hoy el arte es su gran pasión. Ella me enseña a pintar, pronto vamos a hacer una expo juntas. Esta es mi mayor asignatura: la pintura y el secundario.

Ana Gallardo: Un lugar para vivir cuando seamos viejos”. Desde el sábado 23 de julio, Todos los días, de 12 a 20 hs .Museo de Arte Contemporáneo, Av. Felix U. Camet 740. Entrada libre y gratuita.