Scotch Ale, Porter, Honey Beer, Kölsch Cream Stout, Barley Wine, son solo algunos de los estilos elegidos por los argentinos a la hora de pedir una cerveza artesanal, un fenómeno que comenzó hace unos años en nuestro país y que, contra muchos pronósticos, ya demostró ser mucho más que una moda pasajera.

Con un crecimiento interanual del 30%, durante los últimos 5 años la producción de cerveza artesanal ha demostrado, de hecho,  un dinamismo inusitado. Según datos del Ministerio de la Producción se estima que en Argentina existen 300 productores nacionales de cerveza artesanal, cifra que el Centro de Cata de Cerveza, en tanto, eleva a más de 500, según un relevamiento finalizado en junio de este año en todo el país.

Pero más allá de la diferencias en las cifras, todos los expertos coinciden en que la diversidad de estilos, sabores, aromas y características del producto han sido, justamente, las claves del éxito de este sector, que frente a la uniformidad de la oferta de las grandes marcas industriales, ha sabido sintonizar perfectamente con las exigencias de los nuevos consumidores, que antes que productos buscan experiencias.

Con escalas muy distintas, hoy en este interesante nicho conviven centenares de microcervecerías de limitado alcance geográfico o impronta local, con una decena de pymes cerveceras, lideradas por la  marplatense Antares, una de las pioneras del sector, unánimemente considerada un ejemplo en relación al desarrollo de este modelo de negocio.

Antares, que  en 1998 comenzó con su primer Brewpub, en la actualidad ofrece más de 10 clases de cervezas. Exporta a Brasil, Canadá, Estados Unidos, Uruguay y Suecia, y tiene dentro de nuestro país más de 20 locales y franquicias de la marca además de una línea que se ofrece en bares y casas de delicatessen de diferentes ciudades, evidenciando en su desarrollo que las cervecerías artesanales distan aún de haber encontrado un techo a su expansión.

Así, cotidianamente nuevos homebrewers se suman a este boom cervecero, con emprendimientos de diversas escalas y una misma pasión: producir una “cerveza que les guste tomar”, “una cerveza hecha por amigos para los amigos”.

Dentro de ese vasto universo, Zeppelin, Juguetes Pérdidos y Kluster´s constituyen una pequeña pero interesante muestra de los caminos que pueden recorrer estos emprendedores, además de sellos que todos los que deseen probar una buena pinta, sin duda, deben conocer.

Zeppelin

Originaria del barrio de Mataderos en la ciudad de Buenos Aires, Zeppelin es el sello que marcó la unión de Diego Perrota y Jorge Arredondo, dos experimentados homebrewers, que luego de distintas incursiones individuales durante la segunda mitad de los 90´, decidieron juntarse, allí por 2006, con el  objetivo de producir volumen y calidad con una cerveza que les guste tomar.

“Nosotros ya en ese momento veíamos que el concepto de artesanal venía bastante bastardeado, y nos pusimos como objetivo realzar aquellos sentidos que se relacionan con el arte de producir algo, buscando en las raíces y sumándole mucho valor agregado”, explica Arredondo.

Bajo esa impronta, una de las fortalezas de Zeppelin, según explican, es la consistencia del producto a través del tiempo, no solo para un mismo lote desde que se elabora hasta que llega a las manos del consumidor, sino dentro de un mismo estilo entre los diferentes lotes.

“Nosotros hoy ofrecemos 6 estilos, cuenta Arredondo, y nuestro orgullo es que quien hoy pruebe una Pale Ale, por ejemplo, y encantado con la experiencia quiera volver a tomarla dentro de un año, sin dudas va a encontrar la misma cerveza”

“Un productor de una microcervecería debe asegurarse que su producto sea el que quiso hacer, y una vez que definió eso, tratar de mantenerlo a través de los distintos batches (lotes) hasta que cambie de idea y quiera hacer otra cosa. No estoy diciendo que una cerveza pasa a ser mala si cambia de un lote a otro, pero eso va, definitivamente, en detrimento de su cervecería. Y cuanto mayor sea la imprevisibilidad de un lote a otro, menor la calidad de la cervecería”, enfatiza.

Para Arredondo, estas consideraciones, fueron claves a la hora de consolidar la relación de Zeppelin con los consumidores, y mucho más en los últimos años, cuando la gente empezó a interesarse y saber mucho más sobre aquello que está tomando”.

“Hace 20 años uno se sentaba en un bar y le pedía al mozo: ´tráeme un café, una coca o una cerveza. Hoy, aún entre las comerciales, y sin duda entre las artesanales la gente elige, busca sabores, busca aromas, busca tener toda una experiencia”.

Dentro de los estilos que ofrece Zeppelin la Golden Ale, dorada con notas florales, es sin dudas la elegida, seguida por la Honey Ale, elaborada con malta Pilsen y miel, de color dorado intenso, ligera y con un dejo frutal, y por su imperdible scotch, cerveza escocesa, con un dejo ahumado y poco lúpulo.

Además, completando los estilos, Zeppelin también ofrece  una Pale Ale (rojiza amarga con presencia de lúpulo e hierbas), una Porter (negra de intenso sabor tostado, café y chocolate) y una Weizenbier (una alemana de color amarillo pálido, elaborada con trigo y con notas de clavo de olor y banana).

“Son todas cervezas que nos gusta tomar a nosotros, sino no las haríamos”, explica Perrota, para quien, en general, los consumidores pueden clasificarse en tres tipos: “los nóveles, que van recorriendo un camino ascendente, que suele iniciarse con una Golden Ale o una Pale Ale. Los que buscan simplemente más alcohol, y los que ya son cerveceros, que disfrutan cervezas más complejas, elaboradas con bacterias o estacionadas en barricas”.

“Igualmente, afirma el maestro cervecero, para mí, después de tantos años, las más interesantes son las más sencillas”.

A la hora de recomendar algún plato para acompañar los estilos, desde Zeppelin descreen de los maridajes obligados, “uno debe buscar aquello que le gusta, aunque tal vez, por aquello de que “lo que crece junto, debe ir junto”, una Weizenbier con algún ahumado alemán es una propuesta imbatible”.

Kluster’s

Sin duda, una de las nuevas promesas de la Patagonia, región donde la producción artesanal cuenta con una larga tradición – y referentes de peso como Blest, una de las pioneras, Berlina, de los hermanos Ferrari  o Manush,- es Klusters, una joven microcervecería enclavada en pleno Cerro Catedral, que hace poco más de tres años comandan los brewmasters Gonzalo Morán y Carlos Santana.

“Producimos cervezas en botella de litro, porrón y en barriles hechas por amigos para los amigos”,  explica Santana, que con un concepto minimalista, ideal para quienes se inician en el universo de las artesanales, define a sus estilos simplemente como Rubia, Roja y Negra.

“Nuestra Rubia es una cerveza refrescante, con el sabor frutado, que le brindan nuestros lúpulos patagónicos;  la Roja, doblemente lupulada, acentúa ese rasgo logrando un excelente equilibrio con el amargor que este estilo requiere, y la cerveza Negra posee un atractivo sabor a caramelo y nuez, con unas notas tostadas”, describe.

“Todas se caracterizan por no utilizar ningún acelerador químico para el proceso de cocción, la utilización de recetas innovadoras y por estar elaboradas con  agua de manantiales de Cerro Catedral, la mejor por su PH”, agrega Morán.

“Las recetas son propias, no copiamos sino que adaptamos estilos para dar con nuestra Rubia, Roja y Negra, que por esto también tienen características únicas”, concluye.

Y es que en Kluster´s son conscientes de que en la patagonia argentina, tal vez como en ningún otro lugar del país, la cerveza artesanal cuenta con una larga tradición, por lo que tanto los locales, como los turistas nacionales y extranjeros que visitan Bariloche, tienen un alto nivel de exigencia a la hora de elegir una cerveza.

Orgullosos de la calidad única del agua con que elaboran su cerveza, Kluster´s cuenta  también con una planta de tratamiento de efluentes que es un ejemplo en Bariloche. “No solo nos preocupamos por elaborar una excelente cerveza sino también por no contaminar nuestro medio ambiente que es único”, subraya Santana.

Para este experimentado cervecero,  que recomienda beber a temperatura natural sus cervezas, los productos de Kluster´s ofrecen, además de sabores y aromas únicos, un punto en la densidad y la cremosidad de la espuma “simplemente, inimitable”. En tanto, a la hora de los maridajes, el cordero con una buena negra, es su opción preferida.

Juguetes Perdidos

Medalla de oro en la World Beer Cup 2016, la competencia internacional más importante del mundo cervecero, por su cerveza Dark Honey añejada en barril de whisky, Juguetes Perdidos es una fábrica de cerveza artesanal ubicada en la localidad de  Caseros,  que ofrece una diversidad de estilos de producción, a partir de una propuesta diferente: la elaboración de cervezas de guarda, añejadas en  barricas de whisky, vino, cognac y otros destilados.

“Para nosotros la elaboración de cerveza es un arte, una gran pasión. Estamos decididos a no perder el Espíritu Homebrewer. Por eso cada cerveza se elabora especialmente y no repetimos recetas”, explica Ricardo ‘Semilla’ Aftyka, su brewmaster.

“Las barricas para cerveza de guarda no son reutilizables, por esto  cuando decimos que cada una de nuestras cervezas es única y con producciones limitadas, simplemente estamos describiendo las virtudes y límites que nos impone el proceso que elegimos para elaborarlas, explica Semilla,

El brewmaster todavía recuerda que una de las primeras producciones de Juguetes “fue una Imperial Stout, una cerveza que era un despropósito en todo sentido, que se añejó 9 meses en barricas de whisky de 30 años de roble americano, luego vino una Doppelbock Lager, una cerveza muy difícil de elaborar, donde la malta era protagonista, que habíamos añejado en barricas de malbec de madera de acacia, lo que le daba un dejo a frutas rojas memorable”.

Junto a estas imperdibles, Juguetes también ofrece una particular Belgian Ipa, nueva variante nacida en Estados Unidos, que conjuga una tradicional receta belga con el uso de lúpulos americanos, una Barley Wine Barrel Aged, una clásica Barley Wine Inglesa añejada en barricas para darle profundidad, o una American India Pale Ale, a la que describen como “la representación del lúpulo por definición, de cuerpo liviano, balanceando el amargor con su suave maltosidad”, entre muchas otras imperdibles y elaboradas opciones.

Todos los meses, Juguetes Perdidos realiza visitas guiadas a su fábrica, en las que Semilla y el equipo comparten muchos de los secretos detrás de este imperdible sello.

Tres opciones, tres escalas, y  ante todo, un infinito mundo de sabores y aromas  a partir de tres sellos que, bebedores nóveles y cerveceros experimentados, no deben dejar de conocer.