Entre los libros imperdibles de este fin de año, los fanáticos de la lectura tienen una cita impostergable: Operación Sinatra. La historia secreta de la visita de La Voz a la Argentina (Aguilar),una obra de Diego Mancusi y Sebastián Grandi que devela el entramado político entre el gobierno militar, el de Ronald Reagan y la CIA directamente relacionado con el viaje del artista a nuestro paísen el año 1981.

Para conocer algunos detalles más de este libro basado en una profunda investigación periodística, y escrito con el ritmo de un thriller, Palabrasdialogó con Diego Mancusi, autor junto a Sebastián Grandide esta obra.

¿Cómo surge Operación Sinatra?

La idea surge a partir de una nota que escribí por un aniversario de la visita de Sinatra a la Argentina, que me resultó insuficiente, y donde percibí me habían quedado muchos cabos sueltos. Lo hablé con Sebastián Grandi, mi coautor, y a partir de ampliar muchísimo ese trabajo, de hablar con todas las fuentes involucradas, y realizar un trabajo de archivo descomunal, que nos llevó años, comprobamos que efectivamente en aquella visita había además de lo artístico, una trama política, social, económica que se enredaba toda, y que revelaba una historia mucho más profunda.

En esa línea Operación es un libro que excede al fan de Sinatra −que obviamente lo va a disfrutar muchísimo, y mucho más si vivó aquella época, porque se va a encontrar con muchas cosas que en ese momento no se supieron−pero es un thriller, que muchos que lo leyeron lo compararon con una serie de Netflix, porque tiene una trama que más allá de lo informativo tiene un peso narrativo importante y es difícil de abandonar a media lectura.

Entonces cualquiera que esté interesado en la política argentina, en la historia argentina, en la figura de Sinatra, aún más allá de lo artístico, creo que se va a encontrar aquí con un libro muy interesante, un thriller basado en una investigación periodística muy profunda.

¿Cómo estructuraron la investigación?

Además del descomunal trabajo de archivo que antes señalaba, las dos fuentes principales del trabajo son Palito Ortega y Ricardo Finkel, los dos socios responsables de la llegada del Sinatra al país, que por suerte están vivos y quisieron hablar, porque perdimos a bastantes actores de la época en todos estos años.

A partir de lo que ellos nos contaron fuimos tocando todos los puntos hacia donde se disparaba la historia, y hablamos con todos los involucrados, desde la gente que organizó el famoso festival Anti Sinatra, donde debutó la trova rosarina en Buenos Aires, el productor brasileño Roberto Medina, que en 1985 creó Rock in Río, ytuvo mucho que ver también con la llegada de Sinatra a Sudamérica, la gente que lo fue a ver, la que se reunió con él, hasta con gente de la pizzería Angelín, para chequear esa famosa anécdota que dice que Sinatra comió pizza de ese lugar; músicos que tocaron en su orquesta, los que abrieron su show, realmente todos los que tuvieron algo que ver en esta historia están en Operación.

Recién hablabas de Ricardo Finkel como una de las fuentes principales de la obra en función de su papel de organizador de la visita, un rol que en general se suele referenciar exclusivamente con Palito, contanos quién es Finkel.

En general quienes se enteraban que estábamos trabajando en esta historia lo primero que nos decía era: “Ah, lo trajo Palito”, pero en realidad Finkel también es una figura central porque es quien comienza las negociaciones para traer a Sinatra mucho antes de que Palito apareciera en escena. De hecho, fue una de las principales fuentes que consulté para realizar aquella nota que da origen al libro, y quien me dio muchos indicios sobre que había quedado bastante que contar. De alguna manera Palito es el socio financista, pero Finkel es quien comienza a gestionar la posibilidad de la visita por sus contactos con los managers de Sinatra, y recurre a Palito cuando todo estaba bastante encaminado.

Es un empresario, hijo de un directivo de la RCA, que había trabajado con palito en los 60, y que hasta hoy continúa trayendo a la Argentina artistas internacionales y conoce la historia de primera mano, aun cuando Palito trascendió mucho más por ser una figura pública.

¿Palito corroboró esa historia?

Eso está en el libro. Puedo decirte que Palito nos contó su verdad, su versión, y se preocupó mucho porque quede claro que fue él el responsable de la llegada de Sinatra, que él la organizó y tomaba las decisiones. Cosas que tal vez a Finkel no le cierran mucho, porque opacan su figura en esta historia, pero que Palito lleva como bandera.

Además, pese a lo económico, nos quedó claro en todo momento que aun hoy, él está muy contento de haber sido la persona que trajo a Sinatra a la Argentina, es su gran orgullo. Deja en claro siempre que perdió mucha plata, que fue un negocio difícil, pero no quería quedar como uno más de los tantos que habían prometido traer a Sinatra y no lo habían traído.

En esta danza de nombres, uno de los ejes de Operación es un supuesto mensaje que traía Sinatra al país como enviado de Ronald Reagan para Roberto Viola, el presidente de facto de Argentina en aquel momento

Exactamente, porque una de las cosas que revela aquella nota que dio origen al libro es la existencia de ese mensaje, y desentramar eso nos llevó a revelar un montón de cosas que están en el libro.

Sinatra vino a la Argentina a cantar, pero lo cierto es que en ese momento él estaba involucrado en un cambio de posición política muy relevante, había sido un demócrata militante y a partir de algunos sucesos en la presidencia de Kennedy había dado un vuelco hacia un conservadurismo muy fuerte, se hace Republicano, algo que Nixon aprovecha eso en su momento, se hace muy amigo deSpiro Agnew, vicepresidente de Estados Unidos en el gobierno de Nixon, y después se hace muy amigo de Reagan.

De hecho, cuando está en Argentina, según nos dicen las fuentes que estuvieron ahí, hablaba a diario con Reagan, más allá de la relación de Sinatra con la CIA, que es algo que hasta valida su propia hija Tina en su biografía.  Entonces siendo courier de la CIA, teniendo relación con Reagan, y llegando a la Argentina en un momento tan particular de nuestra historia, donde había tanta disputa de poder, su visita más allá de lo artístico es una especie de visita oficial de un embajador sin cartera.

Sin adelantar demasiado lo que se puede leer en el libro, la sospecha más grande en torno a ese mensaje −cuyo contenido exacto los poquísimos que están involucrados nunca quisieron revelar, y que reconstruimos a partir de las reuniones que tuvo Sinatra, y lo que pasaba con las disputas de poder entre Viola y Galtieri−es que efectivamente estaba relacionado con la participación de la Argentina en la política internacional de los Estados Unidos, una línea que termina de redondearse a medida que pasan los diferentes capítulos.

¿Además de ese gran eje, más en línea con la anécdota de Angelín qué otras perlas encontraron en el proceso de investigación?  

A partir del trabajo de archivo nos encontramos con muchísimas cosas, como que Sinatra pidió ver el partido de Boca para ver a Maradona, que vino con un representante del Cesar Palace para ver qué negocios se podían hacer con el casino de Mar del Plata, porque él estaba volviendo a regentear casinos, ya que Reagan le había devuelto la licencia, y también, entre decena de datos interesantes, nos pareció simpático el mito que cuenta que Sinatra era fan de Gardel, que se habían conocido, y él le había dado ánimos para dedicarse a la música, y que como parte de su visita fue al Abasto a llevarle flores.

¿Finalmente, como antes planteabas Sinatra vino al país a cantar, qué pudieron reconstruir de esos shows?

La presencia de Sinatra fue un acontecimiento que paró el país, sobre todo los shows del Luna Park, porque los del Sheraton fueron muy exclusivos, y fue muy poca gente. Pero los shows del Luna fueron realmente un acontecimiento social, en algún momento del libro los comparamos con lo que fue la llegada de los Rolling Stone a la Argentina, la cola del Luna daba vuelta a la manzana, era el lugar donde los famosos tenían que estar, e inclusos los vips estaban en el Luna, porque al Sheraton pocos querían ir: era un momento muy particular de la economía y estar en el Sheraton implicaba una ostentación en la que los empresarios, los únicos que realmente tenían el dinero para pagar la entrada, no querían entrar porque luego se exponían a los reclamos de sus empleados.

Pero el Luna fue impecable, todas las personas con las que hablamos lo recuerdan así, y las reseñas de la época lo confirman, pese a que Sinatra no estaba en su mejor momento porque ya tenía 65 años. Realmente no se hablaba de otra cosa, opacó todo lo que pasaba en ese momento.