A fines de 2018 se inauguró el Taller Ferrari, una iniciativa de la Fundación Augusto y León Ferrari, que propone conocer el universo creativo de uno de los artistas argentinos mas prestigiosos y polémicos, abriendo las puertas de su último taller de trabajo.

Un pequeño museo con una incontable cantidad de obras de todas sus etapas, y ante todo la posibilidad de acercarnos a sus materiales, a sus lecturas, y a las obras de otros artistas, forman parte del acervo de este proyecto que funciona en la vieja casona de San Cristóbal donde Ferrari, galardonado en 2007 con el León de Oro de la Bienal de Venecia, trabajó desde 2006 y hasta su muerte.

Para conocer la génesis de este proyecto, sus detalles y la forma de acercarnos al Taller, Palabras dialogó con Anna Ferrari, nieta del artista, directora de la Fundación, y organizadora del proyecto de apertura del Taller Ferrari.  

¿Cómo nace el proyecto de Taller Ferrari?

Cuando León falleció en 2013 su último taller, el que utilizó desde 2006, una enorme casona con muchísimas obras y material de trabajo, quedó como estaba.  

En 2014, cuando comencé a trabajar más en la Fundación entendí que era importante tener un espacio permanente de exposición de León Ferrari en Buenos Aires. Juntando ese deseo de tener un espacio para mostrar sus obras, con la existencia de esa casona tan especial, con su luz diferente, su jardín, y esas puertas de madera de cuatro metros, donde había una cantidad de obras impresionante, decidí que mi primer proyecto concreto en la Fundación sería la concreción de Taller Ferrari, además de todo el trabajo que realizo con Julieta y Paloma, mis primas y nietas de León, que trabajan en la Fundación desde Buenos Aires hace muchos años.

¿Y a partir de esa decisión cómo fue el proceso de trabajo para llegar a la apertura a fines de 2018?

Primero realizamos todo un trabajo para arreglar la casa y mejorar su infraestructura, para el que tuvimos una ayuda de fondos desde Cultura de Nación, y en paralelo comenzamos a desarrollar el proyecto con la colaboración del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, que a partir de una donación de obras que hicimos en 2014 es la institución responsable de la creación del catálogo razonado de Ferrari, pero que en el caso del taller colaboraron sin mediar un acuerdo institucional, especialmente, a partir del interés que tuvo en esta idea su directora Victoria Noorthoorn.

Fue un proceso intenso, que duró unos 3 años, e involucró a un gran equipo, durante el que nos propusimos, y creo logramos, mantener lo máximo posible el clima y el ambiente que existía en esa casa, con todas las obras colgadas al estilo de León, que parecía que lavaba las paredes colgando obras, siempre con la idea de que quienes nos visiten puedan verlas, y también acercarse a su modo de trabajo a partir de sus materiales, que también están allí, y permiten entender sus procedimientos de producción, que creo que es la parte más linda: ver la riqueza de los procesos creativos, además de la enorme cantidad de obras que hay en la casa, a las que sumamos otras que originalmente no estaba allí porque la idea es mostrar todas sus etapas.

 ¿Qué fue lo más rico de ese proceso?

Como nieta tenía un nivel de intimidad con toda la abundancia y variedad de elementos y obras que había en la casa, que fue todo un shock dar cuenta del trabajo que implicaba organizarlas para hacer viable la visita, era una abundancia que parecía no terminar de organizarse nunca.

Luego, ya cuando abrimos a fines de 2018 fue hermoso encontrar a amigos, familiares, gente muy cercana a León que no venía al taller desde 2010, tal vez el último año que lo frecuentó, que quedaron muy impresionadas con el trabajo que realizamos, con visitas muy emocionantes como las de Yuyo Noe, o de 

Andrés Duprat, además, obviamente, de la posibilidad de acercarnos a mucha gente que no lo había conocido, sabía de sus obras, pero no conocía la intimidad de su trabajo y lo estaba descubriendo aquí.

¿Concretamente cómo organizaron el taller?

La casa se organiza en diez salas y un jardín donde encontraremos las telas, las obras de papel, las cajas-collage, también hay una sala de botellas, una con sus maniquíes, otra dedicada a grandes esculturas. Está su atelier, con su silla, el caballete, sus objetos personales, los materiales que quedaron de la última fase de su trabajo, pero también los sellos metálicos para las litografías de los años 80 que él mandaba a hacer a Brasil.

También hay una sala de amigos, tal vez la que más me gusta personalmente, donde están colgadas todas las obras que le regalaron, que cambió, que compró, con artistas brasileros, argentinos, etc. y donde también hicimos la biblioteca de León con sus libros de trabajo, que estaban originalmente en su casa, entre los que podemos encontrar 7 estanterías de literatura religiosa, con biblias de todo tipo, los libros eróticos orientales recortados, y obras de todos los maestros del arte, desde El Bosco a Michelangelo, entre realmente muchísimos materiales.

¿Y el sistema de visitas?

Hicimos un sistema de visitas dos veces por semana, con visitas guiadas para 30 personas por jornada, algo íntimo para mantener el espíritu del espacio. La inscripción para participar es a través del mail tallerferrari.contacto@gmail.com. 

¿A partir de aquí en que otros proyectos están trabajando?

La última gran muestra de León en Buenos Aires fue La Donación León Ferrari, que se realizó en el Moderno en 2014, luego hicimos “Filiación. Padre e hijo”, una muestra que pone en diálogo las obras de Augusto, su padre, y León, que estuvo itinerando por el país. En Buenos Aires no hubo una gran muestra luego de la del Moderno, así que estamos trabajando para una gran retrospectiva para 2020 con el Museo Nacional de Bellas Artes, además de otra que va a itinerar por Europa y comenzará en el Reina Sofía.

También estamos desarrollando el catálogo razonado, un proyecto muy grande que coordina la historiadora del arte Andrea Wain.

Paralelamente estamos trabajando mucho con Augusto Ferrari, el padre de León, de quien vamos a inaugurar en setiembre una muestra en Torino, en la Academia Albertina donde se formó, que luego queremos llevar a Córdoba, donde construyó la iglesia de los Capuchinos, entre muchísimos proyectos más en acuerdo con diferentes galerías, fundaciones y museos de todo el mundo.