El mítico estadio Luna Park, escenario privilegiado de los acontecimientos deportivos, políticos y culturales más importantes de la Argentina del siglo XX se convertirá en el protagonista de una serie dirigida por Luis Ortega.

En esta oportunidad el director de Historia de un Clan, trabajará junto al productor Ignacio Sarchi, el actor Esteban Lamothe, y un equipo de guionistas comandado por Fabian Casas e integrado por Federico Arzeno y Martín Caamaño. La iniciativa ya cuenta con un galardón del INCAA como ganador del concurso de proyectos de series de ficción.

Hoy, con los guiones de la primera temporada terminados, un teaser que eleva las expectativas, y material para avanzar hasta en tres temporadas más, el equipo de Luna Park espera sumar un socio fuerte al proyecto, como las cadenas HBO o Netflix, para entrar definitivamente en la etapa de realización.

Para conocer algunos detalles más sobre esta historia, Palabras dialogó con Martín Caamaño, quien nos brindó varios detalles sobre esta futura serie local.

¿Cómo fue la génesis y en qué etapa está el proyecto Luna Park?    

Hace ya un tiempo Ignacio Sarchi, el productor de esta instancia de la serie, venía con la idea de hacer algo sobre el Luna, armó el proyecto junto a Fabian Casas y lo inscribieron en el concurso de que lanzó el INCAA para series de ficción, que, finalmente, ganaron.

A partir de allí, convocados por Fabián, entramos junto a Federico Arzeno al equipo de guionistas, y luego de un trabajo intenso de escritura, hoy tenemos 5 capítulos escritos, el teaser filmado, el planteo sobre como terminaría la primera temporada, la sinopsis de los capítulos que faltan, y material como para hacer tres temporadas más, pero estamos buscando el productor para financiar el trabajo.

Fueron cuatro meses intensos, en los que de alguna manera estuvimos viviendo adentro de la historia, trabajando muchísimo, pero con una libertad total, y todo lo que surgió nos gusta tanto que la perspectiva de que quede en un cajón nos parece terrible, por eso insisto, la realización aún no está, y estamos abiertos a evaluar todas las posibilidades para hacerla, en la tele, en formato web, con Netflix, etc.

¿Qué nos podes adelantar sobre el tratamiento que están proponiendo?  

Definitivamente no es una serie nostálgica, no se trata de un producto pensado para retratar una época  y morir ahí, sino que también habla de lo que nos pasa ahora, de las cosas que hoy nos mueven. Somos parte de un país que siempre repite ciertas cosas, y creemos que está bueno ver como hablando del pasado podemos iluminar el presente.

Bajo esas premisas, en una de las primeras charlas que tuvimos nos pusimos a pensar que hacíamos con los nombres, con las fechas, con los grandes acontecimientos, y entendiendo que en  general la gente del boxeo tiene mucha información, muchos datos, etc. decidimos no atarnos a eso.

En Luna Park tomamos la realidad para hacer ficción, no como una línea a la que apegarnos, y por eso decidimos cambiar todos los nombres, Tito Lectoure, será Tony Lasser, de hecho, esa fue una de las primeras decisiones que tomamos, y  aunque  todos pueden darse cuenta que personaje es Tito, Monzón o Bonavena, nadie puede venir a decirnos: “no, ojo, eso está mal porque el tipo era zurdo”, por ejemplo, porque lo que nos servía de la realidad lo usamos, y lo que no lo modificamos.

Igualmente, en relación a muchos sucesos nos dimos cuenta que con el Luna cuanto más nos liberábamos, más cerca de la realidad terminábamos, aún sin atarnos a datos duros.

¿Cómo es eso?

Por ejemplo para el primer capítulo queríamos mostrar algo que fuera por un lado lateral al boxeo y decidimos comenzar con una escena donde un oso del Circo de Moscú le comía la mano a un operario.

Luego, cuando ya estábamos trabajando sobre el final del cuarto capítulo, Fabián trajo un libro que se llama Luna Park, de Guido Carelli Lynch y Juan Manuel Bordón, que es muy exhaustivo, y tiene gran cantidad de datos, donde leímos que realmente había toda una situación alrededor de un oso, pero que lo que había pasado realmente era que uno se había escapado, y había ido al bar de enfrente del estadio-  un lugar donde además ocurrían muchísimas escenas en la serie.

Definitivamente, ahí  la realidad superaba a la ficción, porque pensar a ese oso en el bar era más inverosímil que imaginarse que le haya comido la mano a alguien que trabajaba en el Luna.

¿Y cómo fue la tarea de ponerle un rostro humano a esta historia?

El Luna Park es parte del ADN popular, y por eso trabajamos mucho para ver qué de todo ese bagaje se podía personalizar, particularizar, para no caer en una historia que replique simplemente lo que todo el mundo sabe.

En ese sentido, la figura de Lectoure, que es el protagonista de la serie, es muy interesante, porque era un empresario de perfil bajo, pero muy apasionado, y al que le suceden muchas de esas cosas recurrentes que tiene este país cuando querés hacer las cosas bien: en algún momento  la época, o con quienes te juntas, o el universo te juega en contra. Obviamente, tampoco Lectoure era Gandhi: era un empresario, quería ganar plata, etc, pero es en esas contradicciones que surge el lado humano de la historia.

Por otra parte, junto a esa línea, una de las cosas que nos interesa contar y funciona casi como subtítulo de la serie es la historia de la Argentina. En el Luna hubo actos peronistas, radicales, nazis, pasó el rock, Sinatra, el Papa, etc. es parte de nuestra historia, por eso la primera temporada, por ejemplo, comienza en los setenta, cuando el Luna todavía era escenario privilegiado del boxeo y cierra en el 76, con la muerte de Bonavena, a quien velan allí, pero también con el estallido del golpe militar, permitiéndonos relacionar la violencia del deporte y la violencia política que vivía el país.

Entiendo que junto al tema del productor otra de las cosas a destrabar es la autorización de la iglesia, actual propietaria del estadio, para finalmente filmar la historia

Mientras nosotros escribíamos teníamos la idea de que el lugar sea un personaje más, como una nave de la Guerra de las galaxias, o como el hotel de El resplandor, por ejemplo, y por eso es importante que la locación se destrabe, pero igualmente, si eso no sucede, tampoco es algo vital ya que una de las cosas que decidimos fue no recrear ningún espectáculo. Podemos utilizar cosas de archivo, hacemos ciertos homenajes, pero no recreamos ningún evento, porque eso ya lo hizo muy bien Fabio, por ejemplo, y muy mal algunos otros. Nuestro Luna, en este sentido, como locación es un espacio un tanto fantasioso.

¿Qué otras series o personajes sentís que dialogan con este proyecto como influencias?

Cuando comenzamos a trabajar Mad Men fue una de las referencias que nos bajó el productor. Es una serie de la que Fabian Casas, Federico Azencio y yo somos fanáticos, y que tiene eso de ser protagonizada por un hombre solitario, y un poco misterioso, como Don Draper, y estar contada desde el lado b, con las cosas que le pasan no a un gran político o a una estrella de rock, sino a un empresario que está todo el día laburando, y que por eso puede estar tanto a la vanguardia,  como en las cosas más conservadoras. Definitivamente creo que esa fue nuestra  gran influencia inicial.