Quienes estén buscando destinos turísticos para visitar, finalizada la “temporada tradicional de verano”, seguramente ya lo saben: la provincia de Misiones es una opción que vale la pena recorrer en cualquier momento del año.

La provincia de la tierra colorada, cuna de las Cataratas del Iguazú, consideradas una de las siete maravillas naturales del mundo, ofrece además de ese maravilloso e indescriptible espectáculo para los sentidos, gran cantidad de posibilidades para disfrutar y descubrir su exuberante entorno natural y la riqueza de su historia.

Entre las citas obligadas, la ciudad de Puerto Iguazú, ha sumado a su oferta tradicional la posibilidad de vivir una experiencia diferente: disfrutar de la puesta de sol y del encanto de la selva recorriendo las aguas de las Tres Fronteras.

La propuesta es una travesía de dos horas de navegación para observar y vivir el exuberante entorno natural, disfrutando de un white negroni, un campari orange, o alguna otra delicia preparada con los exóticos sabores de las frutas tropicales de la región, desde la cubierta, la cómoda terraza, o el majestuoso interior del catamarán “Victoria Austral”, una moderna y amplia embarcación con capacidad para 300 pasajeros con máximo confort y seguridad, propiedad de la compañía Cruceros Iguazú, empresa responsable de esta iniciativa.

El periplo en el Victoria Austral se puede realizar todos los días, antes del atardecer.  La nave parte aguas arriba del río Iguazú, a unos 2,5 kilómetros del puerto local, y pasa por debajo del Puente Tancredo Neves, que con sus jóvenes 31 años, une Puerto Iguazú con la  ciudad brasilera de Foz do Iguaçu, y es considerado  por sus características constructivas único en su género en el mundo.

Luego el Victoria Austral vira aguas abajo y continua navegando hasta situarse en el propio sitio de las Tres Fronteras, donde permanece girando 360° para permitirnos ver los tradicionales obeliscos con los colores de Argentina, Paraguay y Brasil, que señalizan las costas de los tres países.

Ya sobre el caudaloso río Paraná, comienza la navegación hacia el Sur, otros 9 km aproximadamente, hasta la altura del salto Mbocay, “arma chiquita” en guaraní, arroyo que nace en el Parque Puerto Península y desemboca en el río Paraná.

Durante todo el recorrido, se puede observar la inconmensurable diversidad que conforma la selva paranaense: con sus vistosas y numerosas especies de aves y su densa vegetación donde se destacan  los  lapachos negros, cubiertos en primavera de flores rosadas, o, al terminar el verano, las flores amarillas de la caña fistola y, por supuesto, el maravilloso Palo rosa, “el gigante de las selvas del Iguazú”, entre otras especies, que una guía bilingüe que nos asiste durante el viaje, contando  los detalles y características de la zona, nos ayuda a identificar.

Terminada esta etapa, las últimas horas del atardecer marcan el momento de emprender el regreso y la embarcación comienza a navegar aguas arriba por el Paraná, que iluminado ahora solo tenuemente por los rayos de un sol litoraleño ya en retirada, nos ofrece un espectáculo absolutamente diferente al que nos regalaba solo una hora atrás.

Junto a los cambios del paisaje, el atardecer sobre el Victoria Austral es signo de festejo, porque como despedida para quienes formen parte de la travesía, la vuelta viene de la mano de un excelente show musical, con karaoke, concursos y baile, para coronar una jornada simplemente irrepetible.

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