Hace 38 años que Víctor Bugge trabaja como fotógrafo presidencial. Desde Alfonsín a Macri, ha sido el encargado de fotografiar a aquellos que los argentinos eligieron para conducirlos desde la vuelta de la democracia. Dice que objetivo de su trabajo es “que los argentinos puedan saber lo que pasa tras los muros del poder”.

“Mi viejo me colgó la cámara a los 14 años,  y yo hace un tiempo se la colgué a mi hijo”, cuenta Bugge, quien reconoce que ha sido testigo de la mayor parte de los grandes momentos políticos que vivimos los argentinos desde 1983. “Igualmente, esto no se trata de mí, se trata de las fotos, mi orgullo no es haber estado allí, sino haber retratado esos momentos para que todos, de alguna manera, podamos estar”.

“En nuestro país es sumamente difícil reconstruir la historia en términos fotográficos, los materiales se han perdido, quemado o están en manos de privados que los atesoran como un recuerdo personal, en el caso de mis fotos, uno de mis grandes orgullos es que las tienen todos, no una persona o un medio de comunicación, sino que forman parte del acervo de todos”.

Alfonsín en el Cabildo hacia la plaza de Mayo en 1983, pero también de espaldas caminando junto a Menem para concretar el traspaso en 1989; la Tablada o Kirchner con su frente lastimada poco después de asumir, “es imposible elegir un hecho, porque creo que estuve en todos. Además, como lo importante son las fotos, elegir uno es tentar a que una foto se enoje con la otra”, dice Bugge, quien reconoce que aunque la mayoría solo tiende a mirar el lado omnipotente o glamoroso del poder, “el ejercicio desgasta”.

“Una vez De la Rúa, a días de asumir me llama. Después de tanto tiempo con Menem un poco me asusté, cuando entro al despacho estaba mirando una serie de fotos de Alfonsín, y casi sin levantar la mirada me dijo: ‘Víctor es sorprendente como se envejece acá adentro’; quedamos en que íbamos a hacer una foto cada año en el mismo lugar para ver qué era lo que a él le pasaba. Obviamente, no lo pudimos hacer”.

Aunque para Víctor el reciente debate sobre el traspaso presidencial fue un tanto “denso”, reconoce que finalmente “volví a encontrarme con el halo de las viejas transiciones, el salón blanco volvió a ser lo que era, y en definitiva, todos pudimos reflexionar sobre la importancia simbólica de ciertas instancias,  aunque la resolución- la ausencia de la ex Presidenta Cristina Kirchner- fue realmente inédita”.

También destaca que de ese momento, dos de sus fotos recorrieron el mundo, “Cristina saliendo de la Casa y Macri junto a su familia en el balcón, son dos fotos que también hablan de lo efímero que es el poder”.

“Ahora, yo también estoy reaprendiendo, después de 8 años de fotografiar a una mujer, encontrarte con un hombre del otro lado de la cámara es todo un ejercicio, igualmente, son años de oficio, de saber donde colocarse, de estar constantemente, pero que no se note, porque siempre lo importante es la foto”.

Reservado en torno a los detalles, Bugge dice que no ha tenido requerimientos especiales en torno a perfiles o luces por parte de los mandatarios, “uno los sabe cuidar, pero  mi fotografía es oficial, no oficialista. El objetivo es comunicar y que eso llegue, siempre pensando en capturar aquello que los ciudadanos necesitan ver”.