Padre fundador junto a Hernán López Winne, de Ediciones Godot, y de la Feria de Editores independientes, que este año en su séptima edición congregó a más de 12 mil personas, y 250 editoriales en el Centro Cultural Konex, Víctor Malumián es un referente de un sector de la cultura “acostumbrado a transitar entornos de crisis y buscar soluciones creativas y asociativas” como salidas.

Para conocer su balance sobre lo ocurrido en 2018, con cifras globales que marcan una caída del 60% en la producción de libros respecto a 2014, pero también sus lecturas recomendadas, y las perspectivas para 2019 Palabras dialogó con Malumián.

¿Cómo ha sido 2018 para el sector editorial independiente?

2018 fue un año muy duro para nosotros, como seguramente lo ha sido para cualquier otro sector o rubro, pese a que este tipo de editoriales- digamos independientes para darles una nomenclatura rápida- están acostumbradas a nacer o transitar en entornos de crisis, y a buscar salidas creativas y asociativas para resistir, en la medida de lo posible, las tormentas económicas.

Luego, específicamente en relación a la FED, para nosotros 2018 fue un muy buen año, donde la feria se terminó de consolidar como un evento masivo, con más 11 mil personas que nos visitaron en el Konex, que resultó un espacio ideal para que la gente circule más cómoda y todo transcurra con normalidad, y donde tuvimos casi 250 editoriales, muchas del exterior pero también del interior de Argentina, que nos permitieron avanzar dejando de lado la concentración que tiene a nivel editorial la Ciudad de Buenos Aires.

Por otra parte, además de la diversidad geográfica, esta 7° FED tuvo una gran diversidad en las formas de hacer: tuvimos editoriales artesanales, hogareñas, algunas que laburan todavía con sistema tipográfico, etc; y armamos un catálogo muy interesante, que tenía unas 260 librerías de todo el país, aunadas a los datos de contacto de las editoriales, para que quienes visitaban la feria, y por supuesto no tenían dinero para comprarse todo los que querían, pudiesen marcar lo que les interesaba, y con tiempo ir a la librería, mostrar lo que les interesó, generar una relación con las editoriales en el caso de que no existiese, o redescubrir las obras allí en otros casos.

Entonces, pese al contexto, la FED funcionó muy bien, y definitivamente se terminó de consolidar como un evento de importancia para el rubro, por lo que ya estamos trabajando para la próxima edición, que será el 2,3 y 4 de agosto también en el Konex, y para la que estamos tratando de cerrar una especie de intercambio con un par de editores del exterior del país, para que estén aquí una semana, recorriendo librerías, conociendo editoriales, y explorando posibilidades de intercambio con otros editores, para ver si hay interés en vender, comprar derechos e intercambiar derechos, generando, en definitiva, redes cada vez más amplias.

¿Y en términos de lecturas como editor y lector con qué títulos te quedás de los que se lanzaron este año? 

Una de las joyitas que descubrí este año fue Los sorrentinos, de Virginia Higa que editó Sigilo, una novela preciosa que, a grandes rasgos, cuenta la historia de cómo se inventó la pasta sorrentino, que nació en una trattoría de Mar del Plata, sumergiéndose en la cotidianeidad de una familia italiana, con personajes muy curiosos, y un trabajo con el lenguaje muy interesante.

También me pareció muy interesante Angustia, de la filósofa eslovena Renata Salecl, que editamos en Godot, en lo que también fue la primera traducción de su obra del inglés al castellano. Es un libro realmente recomendable que habla mucho sobre cómo ese sentimiento en las sociedades capitalistas modernas es bastardeado, se lo intenta tapar, encubrir o medicar, cuando, en realidad, es una parte inherente de la forma en que nos relacionamos con el mundo, y no necesariamente es un sentimiento negativo, sino parte del pantone de sensaciones que nos genera la sociedad moderna con las metas que nos autoimpone, con su imagen de lo que es el éxito, y lo que no lo es, el consumo insatisfecho, etc.

Finalmente, otra obra que me gustó mucho es Desgracias Totales, de Gustavo Salas, editado por Gourmet musical, un libro ilustrado de Salas con viñetas del rock and roll, que no tiene desperdicio, y es un hallazgo de este año, porque no es un libro que uno esperaba que publicara Gourmet, pero al leerlo te das cuenta que va perfecto para su catálogo, y que es una conjunción divina entre las viñetas de Salas con los momentos del rock que allí se plantean. Obviamente, también me encantó el último libro de Piglia, Los casos del comisario Croce, que editó Anagrama, aunque no puedo decir que es un hallazgo que me encante un libro de Piglia.

Finalmente, ya pensando en 2019 ¿cuáles son tus perspectivas en torno a una mejora del actual escenario?

Creo que el escenario continuará siendo bastante crítico porque no veo signos que indiquen intención de producir alguna mejora, pese a que hay muchas puntas para hacerlo como la ayuda a las librerías, que, por ejemplo, no pueden pagar el consumo de agua por metro cuadrado cuando son extensiones enormes, donde hay libros y con suerte dos o tres canillas en cada baño.

Se necesitan exenciones a nivel tributario, que den cuenta de la doble condición del libro, que es una mercancía, que genera una diferencia económica cuando se vende, pero también un bien cultural que transmite un montón de factores que son simbólicos, y entonces es importante sancionar algún tipo de norma como el reclamo histórico de exención del IVA alrededor de la cadena del libro, que sería un importante primer paso.

Igualmente, creo que lo central es comenzar a pensar y trabajar en políticas de construcción a largo plazo con el objetivo de generar un lector, a través de las políticas educativas, las políticas culturales, que tenga unos pesos que no tengan que ir sí o sí al pago de la luz, el gas, o el agua, y pueda comprar libros, creo que a partir de allí, logrando eso, se puede comenzar a solucionar todo el problema, o, al menos, una gran parte.