“Relegar al 50% de la población, es relegar al 50% de nuestros talentos, y de nuestras posibilidades de resolver con éxito los problemas que tenemos como sociedad”, le dice a Palabras la doctora en psicología Virginia García Beaudoux, solo unos días después de que el Congreso Nacional aprobara la Ley de paridad de género en listas electorales.

A partir de esa normativa, que se hará efectiva en las elecciones de 2019, la representación femenina en las listas de candidatos a legisladores nacionales subirá del 33 al 50 por ciento.

“Celebro la sanción y  creo que hubiera sido importante darle un debate parlamentario y social más amplio, con más espacio y visibilidad, que permitiera entender que la paridad es un objetivo que excede la configuración de las listas electorales”, agrega García Beaudoux.

“Cuando hablamos de paridad solemos pensar solo en el Congreso. Sin embargo, si consideramos ejemplos de otras latitudes, como podría ser el caso de Suecia que se autodefine como el primer gobierno feminista del mundo porque una de sus prioridades es asegurar que hombres y mujeres tengan las mismas habilidades y oportunidades, se ve que la igualdad no es un tema tan solo del Poder Legislativo. Por el contrario, para preservar la confianza pública, se cuida que la composición de todo el gobierno refleje la población a la que sirve y es por eso que los ministerios, los museos, las direcciones y subdirecciones, las juntas directivas y todos los niveles  del Estado están integrados de manera igualitaria por hombres y mujeres”, enfatiza la experta, dando cuenta de que en términos de igualdad aún queda un largo camino por recorrer.

En línea con tu planteo varias voces están reclamando que en el debe de esta Ley figura ampliar la obligatoriedad de composición igualitaria a los órganos de conducción de los partidos políticos

Ese es un punto importante y que a mi entender no prosperó porque los partidos, que son estructuras absolutamente necesarias y fundamentales de nuestro sistema político, tienen aún modalidades de funcionamiento interno conservadoras, que perpetúan el status quo y, con independencia de si son de izquierda o de derecha, mantienen el predominio masculino en sus órganos de conducción.

Sin embargo, creo que a partir de esta Ley van a tener que comenzar a abrir su “cocina” a las mujeres, compartir las decisiones y debatir con ellas desde otro lugar, aunque más no sea por un tema de matemática política porque las van a necesitar, van a requerir su presencia, su consenso y sus votos, y esto cambiará la modalidad de la relación entre hombre y mujeres también al interior de los partidos

¿A partir de este logro consideras que será más sencillo avanzar en otras áreas?

Eso sería ideal. Pero para poder lograrlo es preciso estar muy atentos a un fenómeno que conceptualicé como “techo de nirvana”, que da cuenta de que muchas veces cuando se presenta un logro parcial, como puede ser la aprobación de la cuota o la paridad, se genera una tendencia a desactivar las demás acciones en busca de la igualdad porque se crea la falsa ilusión de que la igualdad se ha conseguido.

El concepto se me ocurrió después de realizar una serie de entrevistas con mujeres políticas en Suecia y Holanda, porque una de las cosas que todas ellas marcaban es que frente a estas conquistas comienza a circular una suerte de discurso social que plantea: “Bueno ya está, ¿Qué más quieren?, ¿Por qué continuar con esto de la igualdad si ahora ya tienen la cuota?”

Además de celebrar debemos tener presente que aún restan muchos desafíos y asuntos por debatir y por hacer.

Ligado a lo anterior una de las cuestiones que muchas veces se cuestiona es cuáles son los aportes concretos que supone la igualdad entre hombres y mujeres para los distintos ámbitos 

Diferentes estudios demuestran que la igualdad favorece aspectos relacionados tanto con la democracia como con la economía.

En relación a la democracia, por lo general se ha observado que a más igualdad en el sistema político hay más confianza en la democracia. La presencia de mujeres en los parlamentos aumenta la percepción de legitimidad del gobierno entre los ciudadanos: si un gobierno es solamente masculino se genera una percepción de que algo no está funcionando bien.

En relación al sector privado y al mundo corporativo, la evidencia apunta en el mismo sentido. En 2016 se analizaron las 500 primeras compañías de la lista Fortune y las que tenían más mujeres en sus juntas directivas tuvieron 53% más de rentabilidad, 42% más de ventas y 66% más de rendimiento en el capital invertido, que las que tenían menos mujeres.

Aclaro, por las dudas, que los beneficios no son producto de que las mujeres son mejores que los hombres, sino de que la diversidad es buena. La clave es la diversidad. Cuando se suman las mujeres a espacios tradicionalmente integrados solo por hombres aumenta la diversidad de perspectivas, de experiencias, de maneras de pensar y aproximarse a los problemas. Lo mismo sucede cuando integramos a personas de diferentes edades y procedencias culturales. La diversidad es positiva.

De todos modos, si debo responder esta pregunta desde el fondo de mi corazón y de mis convicciones, creo que lo más importante que aporta la igualdad es evitar que releguemos el 50% de la población y con ello el 50% de nuestros potenciales talentos y de nuestras posibilidades de resolver con éxito los serios problemas que nos aquejan. Como siempre digo, ese es sin duda un lujo que no nos podemos permitir.

¿Luego de la sanción de la Ley cuáles consideras son los temas que debería abordar la agenda de género hacia adelante?

Creo que un tema clave es el empoderamiento económico de las mujeres, especialmente de aquellas más desaventajadas desde el punto de vista social.

Ligado al empoderamiento económico es fundamental impulsar leyes que apunten a compartir las responsabilidades domésticas y las tareas de cuidado, transversalizar el enfoque de género en todas las áreas de la actividad humana.

Por ejemplo, necesitamos licencias por paternidad en serio, no de un par de días. Muchas mujeres no tienen la posibilidad de tercerizar las tareas de cuidado, no pueden contratar a otras personas para que las ayuden con el cuidado de sus hijos o de los adultos mayores de sus familias y por esa razón, al ser las únicas encargadas de esas cuestiones, se ven obligadas a trabajar a tiempo parcial, en  trabajos informales, o en condiciones precarias. Eso, a su vez, les niega la posibilidad de acceder a créditos u otras herramientas que las podrían empoderar económicamente y que podrían mejorar no solo la vida de esas mujeres mediante la actividad económica, sino de la sociedad en su conjunto.

Luego, otro gran desafío, aunque de largo plazo, es la educación. Necesitamos educar sin sesgos de género, sin estereotipos.No solo garantizar el acceso a la educación en igualdad de oportunidades para hombres y para mujeres, sino también garantizar que las habilidades que aprendamos sean las mismas.