Este martes 25 de junio desde las 19.30 hs la Alianza Francesa de Buenos Aires presenta Yvonne, un documental de Marina Rubino, que indaga en la historia de Yvonne Pierron, la monja francesa que fue compañera de Alice Domon y Léonie Duquet, detenidas-desaparecidas en la dictadura argentina, y que salvó su vida exiliándose en su propio país.

Alfabetizadora de la multiculturalidad, luchadora incansable y militante marginal de los movimientos populares de América Latina, en los que actuó los últimos 60 años, el film de Rubino se adentra en los recuerdos de Yvonne para delinear un retrato posible de su vida, y una aguda reflexión acerca de la construcción de la memoria y del valor de ser testigo.

Para conocer algunos detalles más de este film que se estrenó en diciembre de 2018 en la sección Perspectiva del 40° Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, Palabras dialogó con la cineasta Marina Rubino.

¿Cómo surge la idea de hacer un documental sobre la vida de Yvonne Pierron, y cómo fue tu contacto inicial con ella? 

En realidad conocí a Yvonne muchos años antes de pensar en hacer esta película, allí por el año 2000 o 2001, en una reunión del Consejo Nacional de la Mujer Indígena. En ese momento yo estaba trabajando en el armado de un registro fotográfico y de video de las reuniones del Consejo, y recuerdo que en uno de esos encuentros, junto a cientos de mujeres wichis, mapuches, guaraníes estaba Yvonne Pierron, una presencia que me llamó la atención porque, si bien no portaba hábito, era una monja participando de un ámbito donde se trabajaba sobre derechos que nada tenían que ver con la religión.

Ese fue mi primer contacto cara a cara con ella, y descubrí una persona encantadora, muy comprensiva, dedicada por entero a visibilizar la lucha de esas mujeres indígenas.

Unos 10 años después de ese primer encuentro, José Bautista Flores, integrante como yo de Grupo Documenta, que vivió con Ivonne en Misiones, me dijo: Tenés que hacer algo con Yvonne.

En ese momento, un poco dudé, porque ya había un muy buen film sobre su historia, Missionaire, que habían realizado María Cabrejas, Fernando Nogueira y Gustavo Cataldi en 2004, pero finalmente confié en la intuición de mi amigo y decidí explorar la posibilidad de hacerlo, empezando por ver cómo estaba Yvonne en ese momento, y qué le parecía que hagamos un documental sobre su vida y su historia.

Cuando le llevé la idea, allí por el año 2013, inmediatamente accedió, aunque con la humildad que la caracterizaba recuerdo que me dijo: “Con tanta gente que ha hecho tanto más que yo por los demás, no entiendo por qué querés hacer una película sobre mí”.

¿A partir de allí cómo fue realizar un documental sobre la memoria de una persona que, como contaste más de una vez, la estaba perdiendo? 

 Cuando uno hace cine documental los planes cambian todo el tiempo, obviamente había una estructura, un guion, y el producto final se parece bastante a lo que fantaseaba, pero también en el proceso mucho se fue transformando.

Inicialmente, de hecho, yo no pensaba hacer una película coral, sino una especie de road movie con ella sola, pero las circunstancias me llevaron a recurrir a su entorno, y a poner en práctica los recuerdos de mis relaciones con mis abuelas, que fueron muy longevas, y me permitieron acompañarla, y jugar juntas a hacer este film acomodándome a sus tiempos, y a los sus amigas y amigos que participaron.

En 2013, cuando comenzamos Yvonne estaba muy viejita, ya tenía 86 años, y por momentos no recordaba nada, pero con el correr de la charlas, y ante todo cuando empezamos a mantenerlas en francés, las ideas empezaron a correr de otro modo, hablando en su lengua madre, de alguna manera, los recuerdos sí fluían.

 En ese proceso, un gran giro para mí también fue la posibilidad de acceder al registro en video de su testimonio en los juicios de la Megacausa ESMA, gracias a la colaboración de familiares de personas francesas desaparecidas que me dieron el acceso, con la condición de no usarlo hasta que hubiese sentencia firme, algo que sucedió en noviembre de 2017.

¿En ese momento Yvonne ya había muerto?   

Efectivamente, tres meses antes había fallecido. Ella había dado su testimonio en octubre de 2010, pero su primera citación había sido en 1987, quedando anulada por las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. 23 años después pudo dar su testimonio, y aunque no conoció la sentencia definitiva, afortunadamente se hizo justicia.

¿En la charlas cuáles eran sus recuerdos de aquella época?

Las entrevistas más extensas que le realicé fueron en 2014, tenía 86 años, y en ese momento hablar Alice Domon, de Léonie Duquet, y también de Alfredo Astiz, era lo que detonaba nuestras conversaciones.

Había conocido a Astiz en las marchas y reuniones con las Madres de Plaza de Mayo, y siempre me decía que nunca había logrado quererlo, que algo en él no le cerraba. Eso además era algo que le generaba mucha culpa, tenía culpa por no haber podido hacer nada con esa intuición, pero también por no haber sido secuestrada, porque hasta el final de su vida ella estaba convencida de que a Léonie se la habían llevado por error cuando, en realidad, la estaban buscando a ella. Eso la atormentaba, pero también era lo que la había convencido de que había sobrevivido para contarlo, para dar testimonio.

¿Por eso fue que en 1983 decidió volver al país?

Ella se sentía una exiliada en Francia, había llegado aquí en 1955 con la rama femenina de la Orden de Misiones Extranjeras de París, una rama creada por Dolores Salazar, una argentina que formaba parte de la oligarquía y la tenía como una especie de secretaria.

Yvonne me contaba que Salazar decía que aquí  los misioneros no eran necesarios, y cuando llega se da cuenta de que eso no era real, ve las necesidades que había, se da cuenta que este era su lugar en el mundo.

Así se forma como enfermera, como maestra, y comienza a trabajar en Neuquén con los Mapuches, y luego en Corrientes con las Ligas Agrarias, uno de los primeros movimientos que los militares intentan desarmar luego del golpe secuestrando y matando a sus dirigentes, entre los que están muchos de los primeros desaparecidos.

Frente a eso, justamente, ella viaja junto a Alice Domon a Buenos Aires para gestionar los pedidos de Hábeas Corpus, y ayudar a las familias; y en el marco de esas reuniones es que secuestran a Alice, el 8 de diciembre de 1977, y dos días después a Léonie, en un operativo masivo, que generó un movimiento nacional e internacional muy importante, porque no era habitual.

Esa semana ella ya había regresado a Corrientes, y estaba escondida en el medio del monte, de donde la sacan las Madres Superioras de su orden en Argentina y la Embajada de Francia en Argentina, que lograron convencerla, hacerla entender que viva y dando testimonio iba a ser más útil que quedándose aquí, porque ella no se quería ir, sentía que debía seguir la lucha, quedarse, y hasta dar su vida.

Ya en Francia, de hecho, se vincula inmediatamente con exiliados argentinos, forma parte de una agrupación que les daba albergue a las mujeres de desaparecidos argentinos, las ayudaba con el idioma, les cuidaba a los hijos. Siempre siguió con su tarea, pero nunca terminaba de hallarse.

¿Allí fue que decide ir a Nicaragua?

Claro, al enterarse de la revolución y de todos los amigos argentinos que allí estaban, en 1980 se va hacia Nicaragua para trabajar como enfermera, y se queda hasta 1983 cuando regresa a Argentina.

De nuevo en nuestro país Yvonne es acogida en Misiones por un viejo amigo, abogado de las ligas agrarias, y luego de pasar por diferentes pueblos llega a Pueblo Illia, en el corazón de la provincia, donde se estaba creando un colegio secundario, y las familias necesitaban contar con un espacio para que los jóvenes puedan quedarse a dormir durante la semana, para sostenerse en el estudio. Ese albergue estudiantil, donde trabajó casi 30 años, fue justamente su gran última obra.

¿Luego de todo ese periplo, de las charlas que tuvieron, cómo caracterizás a Yvonne Pierron?

Yvonne fue una gran luchadora, una mujer que pudo sortear todos los obstáculos con que se fue encontrando a lo largo de su vida, un ejemplo, una mujer con un sentido de la justicia que impregnaba todas las luchas en las que participaba, nunca se rendía, y que siempre seguía a pesar de las pérdidas.  Tenía una conciencia enorme en torno a que su misión, además de luchar, era ser testigo, y ese modelo es el que intenté reflejar en la película.

¿Era una mujer creyente?

Si bien con la institución Iglesia tuvo muchos problemas, y era muy consciente de su papel durante la dictadura, ella nunca rompió, y creo que la fe era un fuego interno que tenía y nunca se apagó, permitiéndole levantarse una y otra vez y acompañar a tantos que sufrían.

De hecho, en el proceso de hacer la película, yo muchas veces me cuestioné si tenía sentido seguir frente a un contexto que a mí sí me hacía perder la fe casi a cada rato. Y ella, sus amigos, sus amigas, siempre me decían: No dejes de hacerla, no abandones.

¿Yvonne llegó a ver el material final?

Vio avances, durante su último año la visité mucho, le mostré todos los avances posibles, pero no la pudo ver terminada. Igualmente, creo que aquí pervive algo de su esencia, pese al inevitable recorte que uno debe hacer, para intentar encuadrar en un film a una mujer que vivió 98 años de una manera tan única e intensa.

“Yvonne”, se presentará de manera gratuita el martes 25 a las 19.30 en la sede de la ciudad de Buenos Aires de la Alianza Francesa, Córdoba 966.

 

Yvonne Pierron. Su lugar en el mundo

Junto al documental, el grupo Documenta y la Universidad Nacional de Misiones a través de su editorial han lanzado Yvonne Pierron. Su lugar en el mundo, un libro sobre la vida y la obra de la monja francesa, escrito por el periodista y escritor Eric Domergue.

Domergue, que conoció a Yvonne en 1978, rescata en esta obra las largas charlas que mantuvo con ella en el año 2006, repasando su juventud en Francia en plena Segunda Guerra Mundial, el llamado de Dios, su ingreso al convento, la gran aventura de cruzar el Océano Atlántico hacia la periferia oeste de Buenos Aires, luego su presencia en la Patagonia junto a los Mapuches, en Corrientes con las Ligas Agrarias, y el secuestro de sus compañeras Alice Domon y Léonie Duquet durante la dictadura.

El forzado exilio en Francia, su compromiso y presencia con la Nicaragua sandinista y el esperado regreso a la Argentina en democracia, a su querida Misiones, a Pueblo Illia y Posadas, su último lugar en el mundo, conforman los hitos de una obra imperdible, donde también encontraremos testimonios de quienes hicieron un trecho del camino junto a Yvonne, y una gran selección de fotografías.