Si bien el carnaval está relacionado al mundo cristiano, especialmente en los países con grandes poblaciones católicas, estas celebraciones tienen orígenes paganos. Estas fiestas comenzaron mucho antes del surgimiento del cristianismo y se extendían durante unos meses del calendario. 

Hay muchas especulaciones sobre sus inicios, y mientras unos creen que tuvieron lugar hace unos 5000 años con los egipcios, otros las atribuyen al mundo griego. En ambas civilizaciones antiguas existían festejos relacionados a los ciclos de la naturaleza y el universo; centrados en los solsticios de invierno y verano, y en los equinoccios de primavera y otoño.

Al final de cada invierno las esperanzas se renovaban en alusión a la fertilidad, en el más amplio de los sentidos, y se daba la bienvenida a la benévola temporada de primavera. De esta manera el carnaval era visto esencialmente como un pasaje espiritual de la oscuridad a la luz, del invierno al verano.

En Europa, los habitantes de regiones consideradas «paganas» creían que los espíritus malignos gobernaban el mundo durante el invierno y que había que expulsarlos para que volviera el verano. En coincidencia, durante este período las familias campesinas aprovechaban para relajarse y descansar si las cosechas habían sido exitosas antes de la llegada del frío. Todo esto merecía de eventos para agradecer a los dioses. 

Era también una buena oportunidad para que la gente más humilde pueda darse un festín en tiempos donde la escasez de alimentos era el común denominador. Estos banquetes aseguraban que todos estuvieran bien alimentados para atravesar la primavera, en espera de que una nueva cosecha proporcione alimentos.  Generalmente, el ganado se sacrificaba en noviembre y, hacia el final del invierno, todas  las existencias de manteca de cerdo, manteca y carne debían comerse antes que comenzara su descomposición con la llegada del calor. En estos días previos al que más tarde se conociera como el Miércoles de Ceniza, la gente disfrutaba y comida todos estos alimentos. Así, los carnavales se fijan en la mente de las personas como el tiempo para beber, comer y celebrar, en contraposición a la privación de la Cuaresma.

Las fiestas en la antigüedad

Hay varias teorías sobre el origen de la palabra carnaval. Una de las más aceptadas es la que la atribuye a las palabras italianas “carne levare” que significa “quitar la carne”, y a su vez muy similar al latín “carne vale”, adiós a la carne.

Sin embargo, otros creen que está relacionada con «carru navilis«, que designaba al barco que transportaba a las bacanales. Una bacanal era la celebración como parte del culto romano a los dioses Dionisio/Baco, donde se dejaba de lado a todos los convencionalismos para dar lugar al desenfreno.

Ya en la antigua Grecia se llevaban a cabo las fiestas Dionisiacas o Dionisias en honor al dios del vino. Más tarde los romanos las adoptaron y convirtieron en las tradicionales Saturnalias, que se llevaban a cabo en el Templo de Saturno. 

Como en tantos otros aspectos, el Imperio Romano adoptó las practicas paganas y las hizo populares. Con su apogeo, estas festividades también crecieron y se extendieron hacia todos sus territorios donde recibieron diferentes nombres. 

Los festivales antes del comienzo de la primavera también tuvieron sus versiones en Babilonia en honor a la diosa Ishtar, al igual que en Egipto con Osiris. 

La Iglesia católica cristianiza las  fiestas paganas

Después de que el Imperio Romano adoptara el cristianismo y la influencia de la Iglesia Católica Romana se extendiera por todo el mundo, los habitantes de estas regiones no deseaban perder estas tradiciones.  En lugar de recurrir a la fuerza, la iglesia optó por resignificarlas. Las Saturnalias y las Brumales (fiesta del solsticio de invierno) se convirtieron en Navidad y se fusionaron con las enseñanzas de la iglesia sobre el nacimiento de Jesús.

Los festejos de primavera se convirtieron en Semana Santa e incluso la historia de la diosa Ishtar se fusionó con la interpretación de la iglesia romana sobre la muerte y resurrección de Jesucristo. Hasta San Valentín, a mediados de febrero tiene sus orígenes en las Lupercales (lupercalia) .

Más tarde la misma iglesia creó la Cuaresma para el período previo a la Pascua, con una interpretación propia del ayuno de 40 días, negando la carne y los placeres carnales terrenales en ese mismo periodo. Entonces todas las celebraciones paganas se movieron previas a la Cuaresma

El carnaval en el calendario cristiano reunía a toda la comunidad en unas grandes celebraciones. Era el momento de consumir alimentos y bebidas, y complacer  dar rienda suelta a todos los deseos sexuales, que serías reprimidos más tarde en los días de ayuno. 

Durante la Cuaresma no se realizaban fiestas ni celebraciones, y la gente se abstenía de comer carne, lácteos, grasas y azúcar. De todos modos, la mayoría de estos alimentos no estaban disponibles durante este período debido a la escasez en invierno. Si el propósito de la Cuaresma era conmemorar a Jesús, también era un tiempo para reflexionar sobre los valores cristianos

Los carnavales terminaban el martes, conocido como Mardi Gras, en latín «martes gordo» en alusión al  día previo al comienzo del ayuno. 

Carnaval en la Edad Media

En la Edad Media el carnaval duraba muchos más días que en la actualidad. Abarcaba casi todo el período entre Navidad y el comienzo de la Cuaresma, y servía para que la gente común se pueda liberar de sus preocupaciones diarias. Algo similar a las vacaciones de hoy. 

Hay documentos con relatos del año 743 que describen las fiestas y excesos vividos durante el mes de febrero. Los libros de alrededor del 800 contienen mucha información sobre cómo las personas se vestían con ropajes del sexo opuesto o con disfraces de animales, lo que para muchos católicos era visto como un pecado. 

El carnaval siguió evolucionando y se convirtió en una manifestación de la cultura popular europea. Algunas de sus tradiciones más conocidas, incluidos los desfiles y los bailes de máscaras, se registraron por primera vez en la Italia medieval. El de Venecia fue el más famoso, con festividades que solo fueron interrumpidas por la prohibición impuesta por Napoleón en 1797, que solo duró dos años. 

La tradición cruza el Atlántico

Pero el carnaval no solo se extendió por el viejo continente, también cruzó el Atlántico rumbo a las América de mano de las costumbres y tradiciones de los conquistadores y colonos europeos. Una de las principales razones del auge en estas nuevas tierras se debió a que los nativos también tenían sus propias fiestas populares.  

Estos eventos estaban centrados en la adoración de los dioses, la fertilidad y el augurio de buenas cosechas para el año entrante. Una vez más, la iglesia católica en lugar de obligar a los nativos a abandonar sus tradiciones, replicó su estrategia, resignificándolas y adaptándolas al mundo cristiano. 

En las regiones donde la afluencia de esclavos africanos fue importante, su cultura se fusionó también con los carnavales europeos que ya habían asimilado las costumbres nativas. Como resultado aparecen muchos de los aspectos más característicos de los carnavales del Caribe, Centroamérica y Brasil de hoy en día. Aparece el color, el brillo y los disfraces, en conjunción con los sonidos y la música que animan las fiestas americanas. Además, se incorporan elementos de la naturaleza, como las plumas o pieles de animales, en los trajes y máscaras. Estos objetos también creaban una conexión espiritual con sus creencias, con su propia tierra. 

De África también se importaron los desfiles y procesiones con gente enmascarada que cantaba y danzaba en las calles. Durante estos días, la gente recreaba sus tradiciones ancestrales y creencias en ahuyentar a los espíritus de aquellos parientes que no habían muerto en situaciones felices. En otros lugares las costumbres incluían desfiles en zancos, de grandes «títeres» y simulaciones de luchas rituales. 

De la misma manera que en Europa, la Iglesia alentó estas fiestas, siempre y cuando estuviesen teñidas por la religión católica. Estos días festivos les resultaban de gran utilidad para liberar las presiones sobre esta parte de la sociedad oprimida que a los privilegiados le resultaba amenazante. 

Hoy el Carnaval es un fenómeno global que se celebra en más de 50 países. Evolucionó y se afianzó como parte de la cultura de muchos pueblos y regiones, y es visto como una gran fiesta, alejado de todo vínculo con la Cuaresma y la religión.