Hay un refrán que dice que “Lo bueno viene en frasco chico” y la librería La Sede, ubicada en el barrio porteño de Villa Crespo, da cuenta de ello.  Las paredes de este local, que no tiene más de siete metros cuadrados, están repletas de libros cuidadosamente seleccionados por sus tres socias (y amigas): la poeta y editora Jacqueline Golbert, la narradora y tallerista Gianina Covezzi y la artista y cineasta Jazmín López.

“Somos la librería más pequeña de Buenos Aires”, dicen orgullosas y por eso, lograron atrapar la atención de vecinos y transeúntes de la zona. La curaduría de los libros que ofrecen es exquisita y muy recomendable para aquellos que quieren leer algo por fuera de lo mainstream. “Nos interesan las editoriales independientes de literatura, poesía y arte. Los libros descatalogados y las rarezas”, enfatiza López.

La Sede es un espacio cultural que existe hace varios años. “Antes funcionaba en un centro cultural, a puertas adentro, en la calle Acevedo. A principios del 2020 (pre pandemia), le ofrecieron a Gianina continuar con el proyecto en otro espacio. Nos propuso sumarnos y así abrimos un local en una ex baulera muy pequeña. Creemos que las librerías son un espacio de intercambio, encuentro y amistad. De apertura a otros mundos, a otros pensamientos”, cuenta Golbert.

Les pedimos que recomienden 6 libros para los lectores de Palabras.

Mi año de descanso y relajación, de Ottessa Moshfegh.

“Este libro tiene infinitas cosas lindas para señalar. Tiene humor, tiene un gran retrato de la sociedad americana de esos tiempos, tiene una denuncia política a la venta de psicofármacos en USA, pero sobre todo tiene una sutil y sarcástica crítica al arte contemporáneo que es maravillosa”.

Un apartamento en Urano, de Paul B. Preciado.

“Es un libro indispensable para entender los obstáculos legales físicos, matéricos y psicológicos que tiene que padecer una persona que quiere cambiar su género ‘de nacimiento’. Es genial ver mezclada la vida personal con la vida profesional de una ex mujer que es varón y curadora del evento más importante de arte contemporáneo de los últimos tiempos”.

Amor envenenado, de Candela Benetti.

“Candela escribe como si ella fuera los ’90 en carne y hueso. Como si la materia pudiera existir sin tener inconsciente. Es la sensibilidad pura, y desde ahí nos devuelve eso que la sociedad opresora en su máximo esplendor nos dio en los ‘90: el neoliberalismo, la Iglesia, las fantasías que eran nuestro pan de cada día. Escribe y describe esas postulaciones, pero desde un lugar sensible y emotivo. Si tuviera que elegir una imagen diría que es como cuando un caracol multicolor y bendito se agarra como casa o como costra de una botella de Coca Cola”.

La obligación de ser genial, de Betina González.

“Un ensayo sobre el oficio de escribir, sobre la literatura y el poder de la imaginación. Una forma de revisitar y empoderarse, a partir de las letras y la historia, de la tradición y de la imaginación. Desmitificadora y ampliadora de conocimiento. Un viaje entre la lectura y la escritura. Este libro es para compartir con quienes se sientan trabados en su escritura, para quienes hayan perdido la confianza y el entusiasmo en su proyecto o en sus ensoñaciones. Para quienes amen el género ‘ensayo sobre la escritura’. Es muy generosa en sus referencias y en cómo acerca sus lecturas y experiencias personales. Me dio ánimo y me sacó el miedo”.

El cielo de Boedo, de Daniel Durand.

Mudarse de barrio y arrancar un proyecto poético. Ni más ni menos que el de subir a la terraza durante un año a mirar el cielo del nuevo barrio y escribir. Descansar la mirada y los sentidos en el cielo, y elegir un punto determinado y flashear. Como esa frase que he escuchado en muchos escritores cuando se dan cuenta que lo que se les ha ocurrido es una gran idea: con esto debería escribir un poema.

¿Cuántas horas son necesarias para escribir un poema sobre el cielo? ¿Cuántos días habrá subido a la terraza y se quedó catatónico ante esa bóveda imaginaria sin poder escribir siquiera una palabra? ¿Cuántas de esas líneas sobre el cielo las habrá formulado frente a una pantalla ya sobrio de abismo y fantasía?  Mirar por sobre uno, más allá de uno. Levantar la vista y hacerla tender hacia el más infinito, reposarla sobre las nubes, los rayos, la tormenta, la oscuridad, la nada. Y desde la terraza que emprende su proyecto además de mirar el cielo, conoce a sus vecinos, los movimientos, las casas, la flora y la fauna, los ruidos, los olores, y a partir de ese registro diario configura un panorama de Boedo, su nuevo barrio”.

El gran jardín, de Lola Randl.

“Este libro es precioso por varios motivos. Por un lado, habla de la naturaleza. De vivir entre huertas y granjas, del éxodo contemporáneo, de los nuevos personajes citadinos e intelectuales que aparecen como los recién llegados en algunos pueblos de las periferias del mundo. Habla, también, de la relación entre una madre botánica y una hija inexperta, que quiere obtener los conocimientos de su madre por otros medios. Habla de una narradora que observa. Observa todo lo que la rodea y toma nota de cómo hacen lo que hacen los personajes que están en contacto con la tierra. Pero lo más precioso es que esta voz narradora no se disfraza de campesina, no fuerza una pose ni pretende ocultar lo que es: una mujer está aburrida de su matrimonio, una mujer curiosa que no tiene idea de por qué está dónde pero que tiene una herramienta para descubrirlo. La escritura es el rastrillo de esta mujer, y mientras la leo tengo la sensación de que nada existe fuera de la página, y de que en cada sección (la que habla de semillas, la que habla de brotes, la que habla de la terra preta) se está hablando siempre de algo más. Lo recomiendo porque es un libro que parece calmo, pero es inquietante, y esos son mis paisajes preferidos”.

 

La Sede
Gurruchaga 1041. Miércoles, viernes y sábado de 15 a 19 horas.
Web: https://librerialasede.com/.
Instagram: https://www.instagram.com/libreria_la_sede/