Hasta el 21 de agosto el Museo Castagninode Rosario se presenta Lucio Fontana. Los orígenes, una exhibición que reconstruye los primeros años de carrera del artista plástico ítalo argentino a partir de un recorrido que da cuenta además del vínculo cultural entre los dos pueblos.

Curada por Valentina Spata y Chiara Barbato, la muestra, organizada por la Sociedad Dante Alighieri, presenta una selección de 60 dibujos–estudios de figuras y bocetos para esculturas y grupos escultóricos- realizados por Fontana entre 1938 y 1959.

Nacido en Rosario, en el seno de una familia italiana, que vivió por temporadas en uno y otro país, las vicisitudes de Fontanareflejan el intenso recorrido de tantos migrantes que, en los mismos años, transmitieron experiencia, idioma, costumbres, tradiciones y cultura, parte integral de la identidad argentina actual.

«La historia de la vida de Lucio Fontana es también la de un destino personal vinculado al de dos pueblos y dos naciones profundamente afines en lengua y cultura: la inspiración sudamericana y el rigor lombardo lograron en él una síntesis complaciente, lo que lo convirtió en una de las personalidades más complejas y fascinantes de la vanguardia artística internacional de la segunda mitad del siglo XX», precisa en la presentación de la muestra Alessandro Masi, secretario general de la Sociedad Dante Alighieri y creador del proyecto.

La exposición retoma así el inicio de su carrera creativa, su formación entre Italia y Argentina, ilustrando sus vínculos con ambas patrias. “Los dibujos en exhibición, circunscritos en un arco espacio temporal de unos veinte años (1938-1959), constituyen una selección en la que la expresión gráfica, la investigación dimensional y los resultados obtenidos por el artista abren un extraordinario e inédito espacio de novedad suspendido entre las pruebas anteriores y las futuras, demostrando de esta manera el fundamento de sus pesquisas”, explican los curadores.

Fotografías y documentos personales, además de un conjunto de obras pertenecientes al acervo del Castagnino completan la propuesta de esta muestra sobre los inicios de una carrera artística que tuvo en su desarrollo una proyección internacional indiscutible.

“Lucio Fontana. Los orígenes” puede visitarse hasta el miércoles 21 de agosto, de martes a domingo, de 11 a 19 hs. Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino (Bv. Oroño y Av. Pellegrini) Entrada gratuita.

 La historia del padre del Espacialismo

El rosarino Lucio Fontana comenzó su formación artística de la mano de su padre, un escultor italiano que realizó numerosos monumentos funerarios y diversas tareas decorativas en importantes edificios de la ciudad. Entre ellos, el Teatro El Círculo y el Hotel Italia.

En 1905 se trasladó a Italia con su familia y cursó estudios en la Real Academia de Brera de Milán. Regresó a su ciudad natal en 1920, abrió un estudio y participó en algunos salones. Además, ganó por concurso la realización del monumento a Juana Blanco, en el Cementerio El Salvador. Abrió un taller con Julio Vanzo y en 1925 retornó a Europa. En Milán recibió lecciones del maestro Adolfo Wildt, de tradición clasicista. Luego residió en París, adoptando hacia el tercer decenio del siglo XX, una postura estética inconfundible. Alejado de todo academicismo realizó sus primeras experiencias abstractas. En la conformación de trabajos escultóricos empleó materiales como el metal, la piedra y la cerámica, combinando su oficio con libertad creativa.

En 1930, Fontana se diplomó en la Academia de Brera, realizó su primera exposición individual en la Galería del Milione de Milán y participó en la Bienal de Venecia. En 1939 retornó a Argentina. Su actividad artística fue variada pero se inclinó especialmente hacia la escultura figurativa de características neoimpresionistas, rasgos expresionistas y clara influencia del arcaísmo de Arturo Martini.

En 1946 dictó clases en la Academia Altamira fundada por Jorge Romero Brest y Jorge Larco. Allí, junto con sus alumnos, publicó el célebre Manifiesto Blanco, mediante el cual se hizo expresa la necesidad de un arte espacial capaz de superar tanto las limitaciones del lienzo como el volumen de la escultura. Un año más tarde, estando en Milán escribió el Manifiesto Espacialista. Sus sucesivos manifiestos publicados en Italia, principalmente el Técnico de1951, y el referido a la televisión de 1952 fueron paradigmáticos para el desarrollo del arte de las últimas décadas del siglo XX.

En esos años, las elaboraciones conceptuales de Fontana se vieron reflejadas en las transformaciones de lenguajes llevadas a cabo en sus producciones. De ese proceso surgieron los óleos espacialistas. Por un lado, nacieron los llamados tagli, los cuales hacen referencias a aquellas obras donde la tela se encuentra rasgada del derecho y del revés. Por el otro, se hallan los bucchi y refieren al lienzo perforado con pequeños orificios, generando figuras semejantes a mandalas o constelaciones. Esas marcas, que constituyen el gesto del artista, manifiestan la búsqueda permanente de la definición de espacio, permitiendo ambas series acercar al espectador al concepto de lo ilimitado.

La serie de bucchis fue realizada entre 1949 y 1953. En cada obra, Fontana dispuso las perforaciones geométricamente. En formas circulares cíclicas o en líneas quebradas simuló un orden azaroso. Dentro de ese período se halla Concepto espacial y pertenece al cuerpo de obras llevado a cabo entre 1950 y 1951, donde el artista empleó superficies monocromas. En este caso, los orificios han sido distribuidos con un orden rítmico, a la manera de constelaciones. Esas laceraciones interrumpen la espacialidad bidimensional de la tela. En consecuencia, al quebrar su continuidad, el autor acaba con la idea tradicional de pintura pensada como una superficie ilusoria capaz de albergar una representación ficticia. Esta obra pone en evidencia el descubrimiento de ese otro espacio dentro del plano pictórico.

Sus obras han sido expuestas en numerosas ciudades del mundo. Ha participado en múltiples concursos, bienales y salones. Entre ellas, la XXIV Bienal de Venecia de 1948. Entre otras distinciones, obtuvo el Premio Estímulo, Salón Nexus de Rosario 1926 y Primer Premio de Escultura, XXXII Salón Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires 1942.