Por Esencial

Parto siempre de la misma premisa: lo importante es lo que no se ve; hay más poder en las decisiones que no se toman que en las que llegan a ser títulos en los medios. Pienso que los verdaderos poderosos son los que pueden impedir que los eventos se produzcan, ese “poder invisible” del que hablaba el politólogo italiano Norberto Bobbio, que nada tiene que ver con Mimicha, pero en todo caso recuerda que el Lole Reutemann se llevó a la tumba esta semana el secreto de aquello que sí vio y no le gustó.

Como sea, ahí entro yo, porque en lo invisible, que es lo esencial, es donde se cocina el chisme. Dejo para después el tema de la producción de eventos, porque quiero arrancar con la controversia generada tras el anuncio del primer Festival Borges, que se hará del 23 al 29 de agosto con el apoyo del Ministerio de Cultura porteño y Mecenazgo, un programa que también depende de la cartera que dirige Enrique Avogadro. La intelectualidad femenina se sorprendió este miércoles al conocer la lista de participantes a cargo de las charlas, lecturas y talleres gratuitos sobre la obra del autor de El Aleph, ya que entre los trece convocados, sólo figura una mujer, la escritora Sylvia Iparraguirre.

Cuando varios se preguntaban cómo es que les resultó imposible dar con otras panelistas autorizadas, como María Negroni, Matilde Sánchez, María Sáenz Quesada, Ivonne Bordelois, o Mariana Enríquez, por citar solo algunas, el colectivo Periodistas Argentinas –que integran mujeres de todos los medios, de Nancy Pazos a María O’Donnell– hizo un llamado concreto desde su cuenta de Twitter: “Mientras que la renovación de la literatura latinoamericana viene claramente marcada por voces femeninas, en el primer festival dedicado enteramente a Jorge Luis Borges el panel propuesto está integrado por doce hombres y solo una mujer. ¿A quién propondrían?” Escritoras como Angeles Salvador, Natalia Zito, Cecilia Szperling, la estrella feminista de editorial Planeta Florencia Freijo, la crítica Flavia Pittella, y hasta la poeta Marina Mariasch –cuyo ex marido, Santiago Llach, figura entre los convocados–, se sumaron al reclamo por el que podrían rodar algunas cabezas –u otras partes– de machirulos despistados.

Muchos se preguntan en tanto por qué el ministro de Cultura, tan preocupado siempre por mostrar su interés en la diversidad, pasó por alto un detalle tan relevante al apoyar un evento de semejante envergadura con un panel 99% masculino, que además derivó en la polémica cultural de la semana. ¿Será que más allá de sus coloridos pantalones verdes no está tan deconstruido como dice?

Hablando de literatura y feminismo, durante su viaje a España para presentar su libro, el ex presidente devenido en autor Mauricio Macri dejó una frase que indignó a feministas a ambos lados del Atlántico: “El cambio genera ambivalencias… ¿cuántas veces nos hemos salvado de que nuestra mujer nos dice ‘no lo aguanto más, lo tiro por la ventana’, pero después dice ‘¿y si no consigo algo mejor?’ y entonces se quedan aguantándonos”. Entre jocosos y atónitos, los colegas madrileños que en estos días pedían datos sobre la nueva faceta literaria de Macri no advirtieron el tiro por elevación para Larreta escondido tal vez de manera inconsciente en otra de sus declaraciones: “El populismo te vende un maravilloso presente y al otro día te encontrás con que hipotecaste tu futuro: no sirve darse una gran fiesta un rato…”.

Y eso nos lleva sin escalas a la otra persona que le robó esta semana protagonismo al jefe de Gobierno porteño. Se trata, precisamente, de alguien que entiende de grandes fiestas. Dicen los cercanos que a Larreta lo intranquilizó bastante ver en la tapa de la revista Caras a Bárbara Diez, de quien se separó en diciembre pasado en medio de un hermetismo mediático que sostiene con jugosas pautas. De la mano de la actriz Celeste Cid, que la interpreta en la serie que cuenta su historia al frente de una agencia de organización de eventos, la ex primera dama promete hablar de su nueva vida y dice: “Hay que ejercitar la resiliencia”. En la nota, sin embargo, ni siquiera menciona al que fue su marido durante 21 años. Hábil como pocas en el arte de cuidar las formas, la empresaria sabe exactamente hasta dónde le conviene llegar: su revancha es justamente esa, el poder de alterar a su ex en la misma semana en que todo lo hacía sentirse victorioso. “Si yo quiero”, parece decirle mientras sonríe desde la portada de la publicación del grupo Perfil.

Y la preocupación recién empieza, igual que el rodaje de Planners con producción ejecutiva de Diez y junto a la productora Pegsa, del ex rugbier Agustín Pichot. Ya está vendida a la plataforma Star+, del grupo Disney, y la dirección es de Daniel Barone. Pese a los acuerdos de confidencialidad, el larretismo está pendiente del momento en que Diez decida hablar, y el juego es doblemente incierto: la plataforma de streaming también exige estricta reserva sobre los contenidos. Por ahora, según anticipó ella misma, en los ocho capítulos de la primera temporada la trama es sobre el amor y la reconstrucción de una mujer, y “lo que se esconde detrás de una fiesta perfecta”. Con la lógica literaria de Macri que tanto irritó al feminismo, está claro que Bárbara se consiguió algo bastante mejor, al menos en la ficción, donde el protagonista masculino es el chileno Gonzalo “Manguera” Valenzuela.

Una vez más, lo esencial es invisible a los ojos aunque se vista de verde brillante como el ministro de Cultura. O, como decía Borges, lo esencial es indefinible. La diferencia está en lo que se deja ver: pronto sabremos que hay detrás de la fiesta perfecta; lo que es seguro es que es detrás de los eventos que nunca ocurren es donde se esconde el verdadero poder.