Este jueves 5 de septiembre en el Cine Gaumont se presenta Paternal, un documental de Eduardo Yedlin, que indaga en la historia y los días de Adolfo Roitman, en una travesía que nos lleva desde ese barrio porteño que lo vio nacer hasta Jerusalém, donde hace más de 25 años se desempaña como curador y director del Santuario del Libro del Museo de Israel, donde descansan los manuscritos del Mar Muerto, el mayor descubrimiento arqueológico del siglo XX, y la Biblia más antigua jamás hallada.

Escritos por los Esenios, una tribu de los primeros exilados en la Historia, y guardados en ánforas selladas para preservar su mensaje por siglos, Adolfo Roitman lucha apasionadamente por la concordia entre los pueblos, difundiendo e Interpretando el contenido de los Rollos desde hace más de 25 años.

Paternal, es el quinto trabajo de Yedlin, autor también de La Felicidad (2015), un documental sobre la historia, la memoria y la pasión. Para conocer algunos detalles más de esta obra, Palabras dialogó con el director.

Tu primera noticia sobre Roitman, su historia y su trabajo fue a partir de una nota periodística, ¿cuándo fue que te diste cuenta que además de un personaje interesante, tenías un documental entre manos? 

Luego de ese primer hallazgo me contacté con él electrónicamente, y después de algún tiempo comenzamos a hablar mucho por teléfono. A medida que esas charlas avanzaban comencé el proceso de escritura del guion, para decidir si efectivamente íbamos a hacer una película, que es un compromiso muy fuerte en diversos sentidos.

En ese momento Adolfo no tenía planes para viajar a la Argentina, y estaba temporalmente en México, entonces con ese guion inicial me tomé un avión y llegué a la casa donde se estaba hospedando. Cuando abrió la puerta, e intercambiamos miradas, sin que mediara una sola palabra, realmente me di cuenta que el documental ya existía, fue un momento increíble, pero muy preciso.

Y de ese encuentro, ¿cómo llegó la decisión de generar un documental no biográfico sobre Roitman?

Para mí el tiempo en el cine es algo muy determinante, la película dura 77 minutos, y me hubiera encantado que dure bastante menos, aun cuando ya para llegar a estos 77 tuve que dejar afuera muchísimos minutos con enorme dolor. En ese sentido, no es desde el vamos un documental biográfico, porque muchas cosas centrales de la biografía de Roitman quedan afuera.

Por ejemplo, cuando recién empezamos, Adolfo cumplió 60 años e hizo una celebración en Israel, afortunadamente en ese momento pude viajar, participé, estuve unos días allí, el material que obtuve era buenísimo, pero nunca lo usé. Por eso, aquí y siempre, una película es todo lo que queda adentro, pero todo lo que queda afuera también.

Igualmente, más allá de los tiempos, desde el contacto inicial, en esas charlas cara a cara, yo le conté a Adolfo que mi intención con Paternal no era hacer una película laudatoria, ni tampoco el clásico film con una persona sentada hablando frente a cámara, posibilidades que, además, poco tenían que ver con él.

Adolfo es una persona que tiene muchísimas actividades, algunas más interesantes que otras, como cualquier ser humano, y esencialmente un mundo alrededor muy heterogéneo y muy interesante, y desde el vamos la decisión fue tratar de retratar ese mundo y su manera de moverse en él.

Y cómo se inscribe en ese moverse el tema religioso, que en algún punto parece ser el motor de su camino, y un tema que aclaraste más de una vez, tiene poca incidencia en el tuyo

Mi relación con la religión fue un tema que mencioné al pasar, pero que me gusta que haya generado un cierto ida y vuelta, porque de alguna manera me hizo repreguntarme hasta qué punto es verdad eso de que yo no soy creyente, porque si bien tengo una formación laica, más allá de que estudié en Israel, que es un país que no me es ajeno para nada, también entiendo que en estos tres años de trabajo con Adolfo logré hacer una película que lejos de ser un documental sobre la religión es sobre la pasión, algo bastante distinto, y en lo que sí creo.

¿Bajo la definición de travesía o documental de viaje, cómo fue para vos filmar y trabajar en escenarios tan contrastantes como el Santuario del Libro del Museo de Israel y el barrio de la Paternal, con la cancha de Argentinos o la escuela primaria de Adolfo?

Para mí fue fácil porque Adolfo me lo hizo muy sencillo. Es un personaje sumamente generoso. Hace 25 años es el Director de ese museo, el Santuario del Libro, lo cual a mí que me encantan los libros y la historia, me despierta mucha simpatía. También es muy futbolero, y dice que Maradona es Dios en la tierra, lo cual a mí que soy muy maradonista también me resulta empático. Que todas esas declaraciones coincidan en una misma persona, y poder ver que las siente realmente, creo que fue la clave que me permitió lograr un retrato con el que estoy muy contento, y que además me parece sumamente interesante, porque más allá y más acá de lo anecdótico también hablamos de la historia de los rollos, una historia larguísima, increíble, interminable.

Donde entiendo además tuviste acceso a materiales inimaginables.

Sí, porque no todos los rollos están en el museo que dirige Roitman, sí los más relevantes, y especialmente el primero que se encontró en el año 1947, que es el más largo, tiene unos 7 metros, y es el mejor conservado, que es el rollo de Isaías, un profeta muy particular, a quien yo interpreto como uno de los más pacifistas.

Lo cierto es que en el museo se exhiben dos o tres originales, y luego copias. Los originales están en una caja fuerte, un lugar al que Adolfo generosamente nos dio acceso y donde no dudé de que son muy venerables. Yo que no soy creyente, si creo luego de toda esta experiencia que esos pedazos de piel de animal son muy venerables.

¿Con tantas puntas y tanta historia abierta cómo fue cerrar el documental? 

Soy editor de origen, hace mucho que no edito para otros, pero lo hice durante mucho tiempo, y en Paternal trabajé con el mismo guionista con el que trabajo hace muchos años, que además vive en la Paternal. Fue un trabajo intenso arduo, donde le mandamos versiones previas a Adolfo, que nos aportó algunas correcciones históricas para que la película no faltara a la verdad, algo que es bastante complicado, pero para él muy importante. Seguimos avanzando, y así, en un momento, le dije: Adolfo la película es esta; y él, sin dudarlo, contestó: Eduardo la película es esta, lo que habla muy bien de él porque en definitiva es su vida no la mía.

¿A horas del estreno que esperás que pase con Paternal? 

En principio espero que a la gente le despierte curiosidad, y que presentado un tema tan inabarcable como el de la historia antigua, y la de unos estrafalarios que se fueron a vivir al desierto porque no encontraban suficiente espiritualidad en la ciudad, se ahonde en el tema. Si eso pasa voy a estar contento. Obviamente también si la gente simpatiza con Adolfo, que es un personaje muy particular porque no es tan frecuente encontrar personas que saben y saben transmitir su conocimiento.

Pero sobre todo espero que vengan a la sala, porque la magia del cine está allí.  Y cuando veo gente que ve series o películas en sus teléfonos, inevitablemente pienso que estamos en un mal camino.  Así que viva el cine.

“PATERNAL” Un film de Eduardo Yedlin. Estreno 5 de septiembre. Sala Cine Gaumont 12:00 hs y 19:30 hs. Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=H0kN3EQM8lc&feature=youtu.be

 

Sinopsis

Uno de los cien barrios porteños, Paternal es muchos a la vez. Futbol y rock & roll en el aire, hebreos y bodegas abandonadas. De Paternal era Manuel Roitman, un excelente pantalonero. Allí vivían con su esposa Susana. En 1968, en la kermesse de la escuela del barrio sus hijos ganaron una guitarra. Ese día, la madre decidió que uno de ellos sería músico.

Años después Isidoro se graduó en música antigua en una afamada academia de Inglaterra. Su hermano, Adolfo desde la infancia soñaba la Antigüedad, la historia lejana. Se graduó en Antropología en la Universidad de Buenos Aires, en plena dictadura. En las aulas se hablaba del “Bien” y del “Mal”, del enemigo. Él se refugiaba en sus estudios de rabinato.

En 1987 emigró a Israel donde hizo su postgrado en estudios interreligiosos, siempre con honores. Y en Jerusalén se fascinó con el mayor descubrimiento arqueológico del siglo XX, los Rollos del Mar Muerto, la Biblia más antigua jamás hallada. Desde 1994 es el curador de ese tesoro, el exégeta y divulgador de los mensajes contenidos en esos trozos de piel animal de más de dos mil años de antigüedad.

Los rollos fueron escritos por los Esenios, una tribu de los primeros exilados en la Historia. Y guardados en ánforas selladas para preservar su mensaje por siglos. Adolfo Roitman lucha apasionadamente por la concordia entre los pueblos, difundiendo e Interpretando el contenido de los Rollos.

Vive entre dos mundos según sus propias palabras. Entre la época de Jesús y el mundo de hoy, problemático y febril. Entre su pasión por el fútbol y digitalizar los rollos junto a Google…

Habla de Maradona como de un Dios en la Tierra. De los estadios de fútbol como modernos Templos, espacios sagrados. Quiere cumplir el sueño trunco de su padre, que entre sus libretas de sastrería anotaba fantasías de improbables  guiones…  y su propio sueño,  de paz entre los hombres.