El 27 de abril de 2013, a los 75 años de edad fallecía Aída Bortnik, escritora, dramaturga, periodista, guionista de cine y televisión, una referente indiscutida de la industria cultural argentina, hacedora de films como La tregua, que se consagró como la primera película nacional en ser nominada al Oscar; o La historia oficial, primera latinoamericana en ganarlo, junto a títulos inolvidables como Caballos salvajes, Gringo viejo y Tango feroz.

Miembro fundadora de Teatro abierto, colaboradora de Primera Plana y La Opinión, autora de obras teatrales como Soldados y soldaditos o Tres por Chéjov, Bortnik era además y siempre una consecuente cultora de la memoria, un rasgo que la llevó a dejar en manos de sus discípulos más queridos, Juan José Campanella y Fernando Castets, 73 cajas repletas de todos sus materiales, huellas indelebles de su proceso creativo y su método de trabajo, que dieron vida a Las Cajas de Aída.

Para conocer los detalles de este proyecto, Palabras dialogó con Teresa Teramo, coordinadora del Master Audiovisual UCA y licenciada en Letras, miembro del grupo creador y de trabajo de Las Cajas junto a Patricia Molina, Silvana Di Francesco y Gabriela Fantl.

¿Cómo nace Las Cajas de Aída?

Durante sus últimos años, Aída dictaba unos cursos de escritura para cine junto a Juan José Campanella, uno de sus discípulos más cercanos y queridos, quien tras su fallecimiento en el año 2013 recibe junto a Fernando Castets unas 73 cajas en las que estaba guardada toda su obra.

Como Juan viaja mucho, las cajas quedaron a resguardo -“apiladas como una pirámide de talento”, solía decir Campanella- en lo de Fernando, donde también solíamos reunirnos habitualmente un grupo de amigos y ex alumnos de aquellos talleres, y siempre surgía la necesidad de hacer algo con ese valioso material.

Por ese entonces yo venía de hacer un proyecto de Mecenazgo con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y desde esa experiencia fue que les comenté a Castets y a Gabriela Fantl, que esa herramienta podía ser una llave para iniciar el proyecto.

En un país donde trabajar con archivos y resguardar la memoria es tan difícil, generar un proyecto para esas cajas, donde estaba encerrado el trabajo de una mujer tan gravitante para la cultura argentina, implicaba tanto una necesidad como un desafío, porque Aída era una mujer extremadamente respetuosa de la memoria, y claramente su impulso de guardar era para nosotros una señal clara de que algo deseaba dejar como legado.

Así, luego de muchas charlas, formamos con Patricia Molina, Silvana Di Francesco y Gabriela Fantl el grupo inicial de trabajo de Las Cajas de Aída, un proyecto dedicado en esta primera etapa a la elaboración de un catálogo para dar a conocer todo lo que ella guardó allí, en esas 73 cajas, que son verdaderos universos creativos.

¿Qué encontraron al abrirlas?

La mayoría de las cajas contienen un proyecto, muchos realizados, pero también muchos que no se han hecho, y en conjunto dan cuenta de su tránsito por los diferentes géneros de la cultura. Hay cajas que remiten a su tránsito por el periodismo, recordemos que trabajó en Primera Plana y el diario La Opinión, y colaboró con revistas como Siete DíasPanorama, Semanario; otras refieren a sus obras teatrales, como Tres por Chéjov, Soldados y soldaditos, o Primavera, una caja donde encontramos un telegrama enviado por Raúl Alfonsín, en ese momento presidente de la República Argentina, agradeciéndole a Aída por hacer esa obra tan en sintonía con la primavera democrática.

Luego hay cajas que remiten al universo cinematográfico, como la Historia Oficial, con sus manuscritos, su motivación, donde cuenta qué la llevó a realizar esta película. Obviamente la caja de La Tregua, porque Aída también transitó por la adaptación cinematográfica de piezas literarias, como esta gran obra de Benedetti. También encontramos cuentos inéditos, su narrativa, porque Aída fue una mujer que cultivó el teatro, el cine, la narrativa, inclusive en una de las primeras cajas, con materiales de sus inicios, hay obras para público infantil.

¿Cómo fue el trabajo que realizaron con ese material?

Obtenido el apoyo de mecenazgo, el primer paso fue hacer el inventario, que luego queremos mostrar, darle visibilidad, y la tercera etapa será la digitalización, un proyecto que está en ciernes todavía, y requiere otros sponsors, porque implica la contratación de expertos en la materia, aunque es bastante urgente, ya que hay mucho material donde el paso del tiempo ha empezado a notarse.

Nuestro trabajo inicial, entonces, fue desencajar todo el material que estaba allí encerrado. Las cajas estaban rotuladas por Aída y su asistente, cada una de las cuatro las fuimos tomando medio al azar, censando todo el material que contenían, sin dejar nada afuera, al punto que hasta fichamos un papelito con un número de teléfono, que estaba suelto en una caja en el medio de 7 guiones.

Para hacerlo consultamos diversos catálogos de referencia elaborados por los más importantes organismos que se dedican al tema, y nos dimos cuenta que esto era algo especial, no era solo la obra de una escritora, aquí había fotos, casetes, películas, cintas, papelitos con teléfonos, realmente muchísimas cosas.

En esa línea, luego de ver como cataloga la Unesco elaboramos una matriz, basándonos en sus normas, con decenas de categorías. Siempre trabajamos en red, y una vez que terminamos la clasificación de las 73 cajas hicimos cruces para chequear la tarea, y darle un criterio de unidad a todo lo que se volcó en la matriz.

Luego el desafío fue armar el catálogo, porque una matriz en Excel no es un material interesante para publicar en un libro. Decidimos ordenar el material de manera cronológica, y lo clasificamos en tres grandes períodos: sus inicios, el exilio, y últimos años, más una cuarta categoría, caos creativo, donde están aquellas 4 o 5 cajas en las que había literalmente de todo, y donde todo estaba mezclado.

Dentro de cada etapa hay una breve descripción de cada una de las cajas que la integran, con un resumen, y una tabla con descriptores de contenido, que nos remiten a un campo creativo: teatro, cine, etc; y detalles de cada ítem, y dentro de cada detalle una descripción minuciosa.

Trabajamos el material con muchísimo cuidado y respeto, y eliminamos todo rasgo valorativo, porque entendemos que estamos ante un cuerpo de obra que requiere ser caracterizado sin valoración alguna. Ese es nuestro pacto de trabajo en esta instancia, así que para amenizar lo que fuimos describiendo solo citamos algunas cartas motivacionales, pero siempre son citas textuales.

¿Recién hablabas de materiales inéditos, que nos podés contar de lo que hallaron?

Hay tantas cosas, por ejemplo, hay unos 14 casetes grabados de los dos lados con testimonios de Azucena Villaflor, para el guion de Azucena, una película que no se realizó, pese a que fue muy trabajada por Aída, al punto de que hay unas 11 versiones del guion.

Luego, como soy licenciada en Letras, me interesaban especialmente las cajas que hacían referencia a algunas de sus adaptaciones de obras literarias, entre ellas Cavar un foso, un cuento de Bioy que Aída adaptó para la televisión española cuando estaba en el exilio. Recuerdo que cuando agarré esa caja, reitero motivada por la adaptación de Cavar un foso, me impresionó y me emocionó encontrar un currículum de Aída, junto a un pequeño recorte del diario El País, con un aviso mediante el cual el diario anunciaba la búsqueda de un director para su semanario de cultura y espectáculos.

Ese hallazgo me conectó con la Aída del exilio, la que intentaba hacerse camino afuera del país, y tenía que rearmarse, y descubrí a una mujer que, pese a ya ser reconocida, se presentaba para ese puesto con una carta donde planteaba ciertas dudas en torno a su calificación por ser una recién llegada.

En la misma caja también encontré un comienzo de adaptación y una sinopsis larga de Zama, de Antonio di Benedetto, que por la fecha supongo era para la película que planeaba dirigir Nicolás Sarquís, finalmente no se realizó, y era una coproducción entre España y Argentina,  además de varios guiones de un ciclo para la televisión española sobre cantantes y músicos, llamado Solo pienso en … con las versiones integrales de los Solo pienso en Beethoven, Solo pienso en Sinatra, en Gardel, en los Beatles, que están allí, y aparentemente no se realizaron.

Luego está Fade Out una obra interesantísima sobre la vida de Anna Letenská, un proyecto que duró como cinco años, y no se terminó de concretar, pero del que han quedado unas once versiones, con guiones en español, en inglés, y la documentación de las idas y vueltas para la realización de la película sobre la vida de esa gran actriz checa,  arrestada por la Gestapo cuando iba a filmar una película, liberada luego para hacer el film, y finalmente fusilada en el campo de concentración de Mauthausen en 1942.

¿Cuál fue tu motivación personal a la hora de encarar un trabajo tan interesante, pero también arduo y de muchísima responsabilidad?

Personalmente lo que más me motivó para participar de este proyecto fue el recuerdo de aquellas clases con Aída, porque ninguna otra instancia de formación me aportó tanto como ese espacio. Aída era una mujer muy culta, que sabía mucho, y buscaba enseñar, ella quería transmitir sus saberes y experiencias, tenía una idea muy clara de la importancia del legado, de no guardarse las cosas, de la posibilidad de perpetuarse en sus alumnos y en sus obras.

Por otra parte, más allá de que uno puede coincidir o no con ella en muchas cosas, objetivamente representa a una mujer que trabajaba bien, su estilo de trabajo, su forma de trabajar con seriedad, estando en el detalle, es algo que queda más que claro al recorrer el catálogo.

¿Cuándo estiman estará finalizada esta etapa?

En principio, estimamos que el catálogo estará impreso para fines de agosto, y lo vamos a presentar en el Teatro General San Martín, además entre septiembre y octubre realizaremos una nueva presentación en la Universidad del Cine como apertura de una muestra focalizada en el proceso creativo que implicaba para Aída cada proyecto, y en la que estamos trabajando ahora.

La idea es dar cuenta de todo el trabajo que hay detrás de una película, de una obra de teatro, de un programa de TV cuando una persona trabaja bien. Los años de escritura, de documentación, de entrevistas, de testimonios, que se requieren para escribir cualquier obra, aun sin saber si efectivamente se realizará, como le pasó a Aída con muchas de las que encontramos en las cajas.